
Mi Kabbala – Tevet 19, 5786 – Jueves 8 de enero del 2026
¿Confiamos?
El Texto de Textos nos revela en Habacuc 2:4, “he aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.5 Y también, el que es dado al vino es traicionero, hombre soberbio, que no permanecerá; ensanchó como el Seol su alma, y es como la muerte, que no se saciará; antes reunió para sí todas las gentes, y juntó para sí todos los pueblos.
La confianza se traduce en fe, lealtad y seguridad y de alguna forma esa visión nos incita como principio a la búsqueda de mantenernos firmes en unos propósitos, lo que hemos confundido milenariamente con estabilidad económica y social, que aunque es necesaria, nos distrae de lo verdadero, obviando incluso que cohabitamos en un mundo que nos provee de todo lo que necesitamos a diario, lo que contradictoriamente nos lleva que deseemos más, despreocupándonos de ese equilibrio y de los demás, tras una actitud egoísta y poco respetuosa de la divinidad: infidelidad (aheb, אָהֵב) a Su palabra y plan.
Las pruebas (נָסָה, nasah) cual desafíos, no son tentaciones, por el contrario, sufrimos porque vivimos llenos de expectativas mientras Él nos llama la atención para que enfoquemos nuestra confianza en el Creador, quien nos provee de todo, fe, que nos permite ejercitar nuestros músculos espirituales provocándonos más certezas, las mismas que nos ayudan a vislumbrar que esas situaciones complejas son retos de crecimiento, ya que contamos con las habilidades que debemos desarrollar, para poder entender que cada una de esas circunstancias se inscribe dentro de dichos propósitos divinos.
Confiar (בָּטַח, batakj) implica el estar seguros de Él, alejándonos así del mundo de ilusión en que coexistimos en donde nos cuesta sabernos parte de esa armonía universal, que desde sus leyes nos ofrece lecciones permanentes que contrastan contra esos anhelos egocéntricos que nos inducen a consolidar unas expectativas que solamente nos hacen el desear más y más, lo que solo genera que terminemos insatisfechos, todo, por aislarnos de esa fuente de vida, que es la que en el fondo cuida de nosotros a diario, siendo indispensable el colocar nuestra fe y libre albedrio en Él.
Vivimos engañados (נָשָׁא, nasha), lo que nos llama a ver en esas experiencias aparentemente adversas más bien la oportunidad de superar esos senderos y acogernos voluntariamente a la palabra de nuestro Creador, confiados a sus preceptos y mandatos, firmes con sus manifestaciones, a pesar del posible dolor que como llamado de atención podemos percibir en algunos instantes, reconociendo así que Él siempre nos guía y otorga su misericordioso amor, para que esas circunstancias mal calificadas como negativas, realmente nos fortalezcan al llenarnos del conocimiento de Él como Creador.
Natan (נתנאל Nāṯān; “dado por Él”), como profeta, nos recuerda que todo tiene un propósito y un para qué, siendo esa bella búsqueda espiritual la que nos permite comprender que Él está siempre ahí, con nosotros, por lo que una vez que comenzamos a poner en práctica todo lo que significa el confiar, Él nos retribuye dicha lealtad guiándonos hacia un sentido de vida que con su armonía y tranquilidad nos denota la trascendencia que podemos alcanzar eso si nos volcamos a una existencia terrenal plagada de servicio y amor.
El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 4:7, “he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”.
Oremos para mantenernos leales a la confianza del Creador.



