
Mi Kabbala – Tevet 2, 5786 – Lunes 22 de diciembre del 2025
¿Luces?
El Texto de Textos nos revela en II de Samuel 21:17, “Entonces los hombres de David le juraron, diciendo: Nunca más de aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel”.
Fiestas (חַג Jag) como Janucá o la Navidad, nos permiten entender que esa Luz que ilumina nuestras vidas y todo lo creado tienen que ver directamente con Él, con Su salvación y esperanza, con acercarnos a través de nuestro templo interior para amar, encendiendo la lámpara nuestro ser con ese su aceite de la fe el cual le da sentido a lo vivido, se trata de comprender de mejor forma que nuestra “menorá corporal”, como aquel candelabro de ocho brazos encendidos, necesita de Él desde el amanecer y durante el resto del día para que no se apague esa Luz, hasta el día final de nuestros atardeceres terrenales.
Llama (Ner, נר) que como lámpara corporal enciende nuestro entendimiento siempre y cuando nos mantengamos conectándonos a su Haz de Luz para que así Él siga guiando cada una de nuestras vivencias o de lo contrario, terminaríamos sumidos en el mundo de las tinieblas, el cual nos conduce a una muerte eterna que nos acecha, al no lograr integrarnos plena y voluntariamente a esa fuente primaria de energía que es Su Espíritu Santo, de allí la importancia de mantenernos aferrados por fe a Su palabra, retroalimentándonos a cada instante de ella y de Su amor.
Cuando nuestro Señor Jesucristo hizo referencia a que Él es la luz (אוֹר, or) del mundo, su búsqueda ha sido el reiterarnos que estamos en un mundo de tinieblas en donde solo Él puede brindarnos la posibilidad de no perdernos; salvación, que implica entre otras cosas el alinearnos con su fluir amoroso, teniendo la posibilidad de integrarnos a Él a través de esta Su obra, para lo cual solo necesitamos enfocar nuestra voluntad en ser útiles a Sus propósitos, lo que se traduce en que a través de nosotros, se irradiara esa Luz para que otros seres enciendan sus lámparas internas.
Profetas como Elías nos recuerdan que más que esperar como él, ascender al cielo en un torbellino, el día a día nos llama a que dependemos plenamente de Él y a que prediquemos con nuestro ejemplo de Su amor, tal como lo hizo Juan el Bautista, último de estos seres justos, quien nos dejó ese mismo recordatorio; el cual estaba inscrito en sus propios nombres, etimología que nos permite entender con más claridad que Elías (Eliyaju, אֵלִיָּהוּ) al componerse de dos conceptos divinos: El (Dios) y yah, forma abreviada de Yahvé, nos llama a entender que: mi Dios es el Señor, por ende Juan (יוֹחָנָן, Yojanan): Yo Señor y janan, clemente, nos reitera que ese nuestro Señor es clemente.
Todos los Profetas (נָבִיא) nos reiteran desde sus diferentes momentos que estamos llamados a integrarnos a la Luz del Creador y por ende a ser espejos de ella a través de nuestra Fe, logrando que como le explico el ángel al Padre del mismo Juan, antes de su nacimiento, que muchos logren volver al Señor clemente y misericordioso, simplemente dejándose guía por el Espíritu del Creador, como le sucedió al mismo profeta Elías que gracias a esa visión nos llama a cumplir con ese propósito final de ser Luz para el mundo acogiéndonos así a los planes divinos.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 5:14, “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse”.
Oremos para que a través de nuestro ser la Luz del Creador se irradie.



