
Mi Parashá – Génesis 18:14
Este versículo plantea una de las preguntas más profundas de la Biblia: “¿Acaso hay algo imposible para el Señor?” (הֲיֵפָלֵא מֵיְהוָה דָּבָר – Ha-yippalé meiAdonai davar), con un valor gemátrico de 126: ה (Hey) = 5, י (Yod) = 10, פ (Peh) = 80, ל (Lamed) = 30, א (Alef) = 1. Esta pregunta no solo responde a la duda de Sara sobre su capacidad para concebir un hijo en su vejez, sino que también nos invita a reflexionar sobre el poder ilimitado de lo divino en nuestras vidas. Todo en el universo está bajo el control del Creador, y las leyes físicas no representan una barrera para el poder divino.
La sefirá de Kéter (la corona), que representa la voluntad divina que lo abarca todo, nos enseña a esperar “al tiempo señalado” (la-moéd ashuv), el momento exacto en el que las bendiciones divinas se manifiestan. En la Cábala, el concepto de tiempo no es lineal, sino cíclico. Este “tiempo señalado” puede estar asociado con la sefirá de Biná (entendimiento), donde el potencial divino es gestado antes de manifestarse. En este contexto, se le promete a Abraham que en el momento adecuado, lo que parece imposible se convertirá en realidad.
La promesa de un hijo para Sara representa la realización del pacto entre el Creador y Abraham. En la Cábala, Sara se asocia con Biná, que simboliza la capacidad de dar vida y forma. El nacimiento de un hijo en su vejez refuerza el poder transformador de lo divino y la capacidad de lo espiritual para superar las limitaciones físicas.
El valor de “tiempo señalado” (מוֹעֵד – moéd), que es 120, sugiere completitud y perfección. En la tradición judía, 120 años es la duración máxima de una vida humana ideal. Este número también se relaciona con ciclos completos, lo que refuerza la idea de que el “tiempo señalado” es un momento perfecto en el cual las bendiciones se manifiestan.
El valor de “hijo” (בֵּן – ben), que es 52, nos recuerda que la creación de vida, especialmente en este caso, está conectada con lo divino. El número 52 es significativo porque es el valor de uno de los nombres del Creador, Elohim (אלהים), lo que refuerza que este hijo forma parte de un plan divino.
Este versículo nos enseña sobre el poder ilimitado del Creador y nos desafía a confiar en que no hay nada imposible para Él. A través de la promesa de un hijo a Sara, vemos cómo lo divino puede superar las limitaciones físicas y temporales que los humanos perciben. La Cábala nos recuerda que las bendiciones divinas se manifiestan en el “tiempo señalado”, cuando el momento es perfecto para que las promesas del Creador se hagan realidad.
El valor gemátrico del versículo refuerza la idea de que las promesas divinas son inquebrantables. La promesa de un hijo a Sara es una demostración de que el Creador puede trascender cualquier limitación física, demostrando Su poder y Su compromiso con aquellos que confían en Él.



