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Mi Kabbala – Tishrei 16, 5786 – miércoles 8 de octubre del 2025

¿Oramos?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 12:2, “he aquí el Creador es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es el Creador, quien ha sido salvación para mí”.

Los conceptos de oración y servicio (avodá, עֲבוֹדָה), nos hablan de colocar nuestros dones al servicio de la obra del Creador, para que el pecado no siga morando en nuestro ser tefilá (תפילה) que nos llama a hacernos conscientes de esa responsabilidad que implica el despertar nuestra alma, logrando iluminar nuestra mente y corazón con Su amor, vinculo que nos coloca en comunión con lo divino, lo que implica que nuestras plegarias (bakashá בבקשה), se enfoquen mas en aportar que en pedir, en compartir, que en competir y envidiar, en alabarle y bendecirle, en lugar de quejarnos o renegar tras nefastos deseos.

Al Orar (tefilá, תפילה) nos conectamos con Él de tal forma que dicha introspección ( lehitpalel, להתפלל) nos de el sano juicio para retomar el camino correcto, ese que más allá de tradiciones como las jasídicas judías nos incitan simplemente a reflexionar cada intención, palabra, pensamiento, interacción, omisión o interrelación en pro de reconocernos como sus criaturas, la misma que anhelan integrarse con el Padre, unión que nos coloca en común con todo lo creado y por ende dispuestos a dar de lo mejor de nosotros para alcanzar ese bienestar que implica vivir armónicamente acorde a sus propósitos.

Comunión que no requiere de oraciones especiales (Shajarit, שחרית) pero que si nos llama desde la mañana a dedicarnos a obedecerle, logrando asì que cada instante sea un reencuentro con Èl, para que nuestras labores del día y de la tarde (Minjá, מנחה) nos reiteren que cada instante presente es un regalo y al final en la noche Maariv (מעריב) tengamos claro que todo girò en torno a Su guía (Amidá), por lo que cada segundo que se nos otorga de vida debe ser una oportunidad de buscar esa reconexión con Èl a través de esta Su obra, siendo este el principal propósito de existencia.

Débora (דְּבוֹרָה), cuyo nombre significa “abeja” y quien fue la única juez mujer de Israel en la antigüedad, nos reitera con su testimonio de vida la importancia de escuchar al Creador, proceso que nos llama a profundizar en esa intención de unirnos con Él, quien nos otorga todo lo bueno y bello: quien nos satisface, lo que no significa pedir y llenarnos de expectativas y deseos egoístas que solo nos distancian de Él, por ello nuestras plegarias deben servir para reintegrarnos a Él a través de esta vida entregándole nuestra voluntad para que nuestras diarias peticiones no sigan siendo egoístas expectativas mercantiles.

Orar, es sabernos parte de Su creación, recibir de Su luz para compartirla con nuestros próximos, y así aclarar nuestra mente para poder reinterpretar las manifestaciones divinas hasta conmovernos, dándole un nuevo y dulce significado a nuestras existencias, renovada visión de la vida, fruto de la sabiduría divina, que nos llevará siempre a reencontrarnos con esa conciencia celestial y con esa otra realidad, que no percibimos, pese a que estamos inmersos en ella, producto de estar imaginariamente aislados, soñando, lo que implica redescubrir Su fortaleza (Kelah, כְּעֵלָה) para con ella superar los diarios desafíos.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 6:5, “y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. 

Oremos en todo momento y lugar, dando siempre gracias por todo y por todos.

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