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Mi Parashá – Génesis 15:3

La Biblia nos reitera la profundidad que implica mantener nuestra confianza en el Creador y su plan. Es por ello que cuando Abram expresa su angustia ante la aparente falta de descendencia y su sensación de vacío o falta de propósito, al dialogar con el Creador encuentra la tranquilidad para no perderle sentido a la vida.

La palabra clave aquí es “זרע” (zera), que significa semilla o descendencia, la cual tiene un valor de 277 (zain = 7, resh = 200, ayin = 70). Este número es significativo porque nos lleva al concepto de 7, que se asocia con la espiritualidad y lo divino. No perdamos de vista que la semana de la creación tiene siete días. Por otro lado, está el número 200, que simboliza el ciclo de vida y el crecimiento.

Entonces, el número 277 puede reflejar un proceso donde la espiritualidad y la vida están en juego. El hecho de que Abram no tenga “zera” en este momento refleja una pausa en ese proceso de crecimiento espiritual. La expresión “ben-beyti” (בן ביתי), que significa “el hijo de mi casa”, nos habla no solo de una falta física de descendencia, sino de un vacío espiritual y emocional que siente al no poder transmitir su legado a un hijo de su linaje.

La palabra “בית” (beit), que significa casa, en gematría tiene un valor de 412, número que está relacionado con la palabra “tzadik” (צדיק), que tiene un valor gemátrico de 204 y simboliza la rectitud o justicia. Esto puede implicar que la “casa” de Abram, en términos espirituales, está esperando la manifestación de justicia y rectitud a través de la descendencia divina que aún no llega.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre las veces en que podemos sentir que nuestros esfuerzos no dan fruto, o que no estamos viendo el crecimiento que esperábamos. Al igual que Abram, podemos experimentar momentos en los que sentimos que nuestra “semilla” o propósito no se manifiesta. Esto nos enseña que todo está en proceso, y que las aparentes pausas en el crecimiento son necesarias para que la semilla de lo divino en nosotros pueda desarrollarse de manera más profunda.

Abram, al expresar su inquietud, también muestra su disposición para recibir orientación divina, lo que nos recuerda la importancia de la fe y la confianza en los momentos de incertidumbre. La cábala nos enseña que estas aparentes carencias nos preparan para recibir bendiciones más grandes, pero a través del reconocimiento de nuestro propio proceso interior y la apertura a lo divino.

Aplicado a nuestra vida diaria, este versículo puede servir como recordatorio de que en los momentos en que sentimos que nuestros esfuerzos no están dando fruto, debemos seguir confiando en el proceso divino y en que las respuestas llegarán en el momento adecuado.

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