
Mi Kabbala – Tishrei 17, 5786 – Jueves 9 de octubre del 2025
¿Bueno?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 1:31, “Y vio el Creador todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y fue la mañana: el sexto día”.
El primer libro de la Torá, Génesis (Bereshit, בְּרֵאשִׁית): principio, nos habla desde “adentro” (be), “por medio de”, “por causa de”, y la expresión que le complementa: reshít, de un lugar, de un tiempo, orden o rango, lo cual nos enseña gracias a una relectura más profunda o Parashá, de la importancia de sabernos parte de Él, quien determinó en un punto del infinito nuestro fin, ser sus hijos, proceso que implica que nuestro inicio como humanos nos lleve a reconocernos al final como sus hijos, protagonistas de esta transformación universal que comenzó al alejarnos libremente de nuestro Creador, para luego poder reconocernos en Él.
Nuestras intenciones (Kavaná, כוונת־), nos recuerdan por lo tanto, todo se articula a ese plan y que, como hijos, somos receptores de ese otorgamiento perpetuo, lo cual nos debería servir para asimilar que todo es necesario dentro de esos propósitos que nos permiten recrearnos en Su obra, sin embargo nuestra desobediencia y pecado nos mantiene ensimismados en los caminos de la muerte y la maldición haciendo que nuestro libre albedrío sea más atraído por deseos fragmentados y egoístas y no, por el bien, la vida o sus bendiciones debiendo enfrentar las consecuencias de esas erradas decisiones, por ello fue necesario que Él se humanara en nuestro Señor Jesucristo para rescatarnos de este mundo de alucinación, siempre y cuando aceptemos por fe Su misericordia.
Él creó todo incluso este mundo alucinante y gracias a ello es benevolente al darnos este espacio terrenal apartado para que aprendamos como seres interdependientes que pretenden valerse por sí mismos, control sobre nuestras intenciones, deseos, pensamientos, palabras, emociones, interacciones, interrelaciones y vivencias que incluso nos ofrece la oportunidad de procrear y guiar a nuestros hijos (leholid, לְהוֹלִיד), en ese crecimiento en el que si se lo permitimos Él nos guía, más con todo y ello preferimos alejarnos cada vez más y más de Él, cuando realmente somos parte integral de ese todo.
Personajes como Sansón (שמש, sol) nos enseñan a través de sus erradas vivencias los peligros de esos deseos egoístas que nos quitan ese poder que en su totalidad, debe reconocer lo que la fuerza proviene de Él, así como esos dones que a través de la procreación, lo femenino, nos llevan a dar a luz, a engendrar una criatura, a permitir que un alma llegue a este mundo, crezca y conozca a través nuestro de ese amoroso Padre Celestial, oportunidad que nos lleva a aprender a dar, a amar a través de nuestros hijos, quienes son la razón más importante para estar en este mundo. Sin embargo, esos deseos, confundidos con placeres mundanos, nos aíslan de nosotros mismos.
Estamos llamados a hacernos conscientes de todas esas inconsciencias que nos sofocan y nos impiden comprender lo que realmente significa vivir. Cada situación por adversa o negativa que nos parezca, tiene una finalidad: acercarnos a Él y hacernos entender nuestra interdependencia con una creación que, a través de la naturaleza que nos acompaña, nos invita a coordinar mejor nuestras voluntades para lograr un crecimiento integral. Por ello, no es coherente seguir quejándonos ni culpar a todo, ni a todos, cuando desde el comienzo de nuestras vidas Él ha estado buscando guiarnos (נָחָה, nakhá)
El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 4:4, “Porque todo lo creado por Él es bueno y nada se debe rechazar si se recibe con acción de gracias”.
Oremos para que al aceptar lo bueno del Creador.



