Back

Mi Kabbala – Tishrei 27, 5786 – Domingo 19 de octubre del 2025.

¿Conceptos?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 2.23, “Esta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada”.

La sagrada palabra del Creador una vez entregada a Moisés con sus signos, letras y frases, nos proyecta revelaciones y señales de vida, que aunque distorsionamos con interpretaciones sesgadas y conceptos descontextualizados confusos, nos deben llevar a enfocarnos no solo en estudios profundos, sino en la oración para que gracias a la guía e iluminación del Espíritu Santo podamos convertir toda esa amalgama de especulaciones (מְפָרֵשׁ, mefaresh) en verdades, las mismas que le dan ese sentido trascendente a cada circunstancia elevando nuestras intenciones y deseos.

Quienes afirman, por ejemplo, que el Creador sacó a Eva de una costilla de Adán, omiten que la traducción más coherente de ello expresa que fue un “costado” (tselaot), plural de tsela (צֵלָע), lo cual puede referirse incluso a varios órganos. Esto ha llevado a algunos a pensar que podría estar aludiendo a los genitales o incluso a huesos y uno de estos, según la actual visión de la clonación, podría contener toda la información genética para crear a un ser humano. Quizá por ello se habla de dos creaciones: una del polvo, a la cual regresamos y otra de hueso, que con su información nos habla del Padre.

Por otro lado, ese mismo concepto de tsela (צֶ֫לַע) puede entenderse como algo lateral al cuerpo o que está a su lado, como los brazos que salen del tronco, denotando según las Sefirot y sus pilares una armonía donde en la derecha: Jojmá, Jesed y Netsaj representan el pilar de la misericordia y el amor, el espíritu masculino y activo, mientras los de la izquierda: Biná, Guevurá y Hod simbolizan el juicio o rigor, la concentración y el espíritu femenino, material y pasivo. En el centro, Kéter actúa como basal, para que las tres Sefirot restantes: Tiferet, Yesod y Malkut proyecten los atributos divinos más absolutos en conciencia con Daat (דָּ֫עַת), el yo superior ubicado en el abismo cabalístico.

Kéter, como conciencia divina, hace referencia a un todo en donde lo masculino y lo femenino se funden como principios fundamentales del cosmos: el activo, masculino y positivo, espíritu y energía; y el femenino, pasivo y negativo, materia y sustancia, formando un todo (basar, בָּשָׂר), expresión que se traduce como “carne” y que hace referencia a algo, más que una cubierta temporal, a una entidad donde, por estar alejados de la luz del Creador, pasamos por alto incluso dones como la procreación, fusionando nuestro deseo de unirnos a Él con deseos mundanos fragmentados que paradójicamente, solo nos alejan.

Al hablar en nuestro lenguaje finito y limitado de los frutos prohibidos del árbol del conocimiento del bien y el mal (רֹעַ) más que visionar estos a través de palabras como manzana (tapuaj, תַּפּוּחַ), debemos intentar comprender la invitación a nutrirnos de lo que resignifica nuestra condición humana, para alinearnos desde lo material, que nos reproduce engaños, con lo material en pro que esta caída nos sirva para comprender dónde estamos y cómo podemos retornar a ese estado original, a través de esa Su palabra que nos proporciona fragmentos de esa otra realidad.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 2:9, “Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad”.

Oremos para que entendamos de mejor forma la Palabra del Creador.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *