
Mi Kabbala – Tishrei 28, 5786 – Lunes 20 de octubre del 2025.
¿Sacrificio?
El Texto de Textos nos revela en Jonás 2:9, “Yo, en cambio, te ofreceré sacrificios y cánticos de gratitud. Cumpliré las promesas que te hice. ¡La salvación viene del Señor!
El libro de levítico (Vayikrá, וַיִּקְרָא), relata sacrificios animales, lo que no implica perpetuar esas costumbres, sino mas bien entender que korban (קרב), es un llamado a acercarnos al Creador, sacrificando nuestras expectativas egoístas, una integración que implica ofrecer lo mejor de nosotros y aunque el término también puede traducirse como “guerra”, debemos luchar con nuestra naturaleza pecaminosa para reconocernos desde la principal característica de nuestro Padre: el amor y así buscar compartir, batallando pero con esos deseos egoístas que reinan en nuestra dimensión físico mental.
Los animales elegidos para el sacrificio en Vayikrá representan sin embargo una energía especial que nos llama es a eliminar parte de las transgresiones creadas en nuestras “guerras” o caos internos, rituales que con oración y la búsqueda de una nueva conciencia nos permiten comprender el mayor y único sacrificio, el del Padre, al humanarse como hijo en nuestro Señor Jesucristo para denotarnos que el pecado puede minimizarse a través de la fe en Él (korban: K, R, V, קרב), motivación para acudir a Él entregándole nuestra vida y permitiendo que sea Su amor quien nos ayude en estas luchas internas.
La expresión karev (קרב) implica una cercanía cada vez mayor y si atendemos sus señales, todo nos llama a dejar de percibirnos como partes separadas, acercándonos no mediante la muerte de animales o sacrificios (sacrificium, sacrum facere) u ofrendas económicas, sino mediante la fe y la confianza, insumos indispensables para poder superar esas guerras espirituales que solo nos hablan de buscar la unidad con lo sagrado, sacrificándonos como sacerdotes desde nuestro cuerpo como templo, cumpliendo sus preceptos al ofrendarle lo mejor de nuestros dones, sirviendo para mantenernos en sus propósitos.
Como creyentes, debemos ser gratos a diario, guiados por Su Santo Espíritu, lo que implica reconocer en cada instante sus presentes, dar lo mejor de nosotros, poner nuestros dones al servicio de todos y ser responsables y útiles en nuestros entornos. Se trata de amar, de otorgar, de reconocer que ese acto de dar es el principal medio para acercarnos a Él a través de Su obra, aprovechando esta pausa (hetsek, הֶפְסֵק) de vida terrenal, paréntesis de la eternidad para entender que nuestro descanso significa la oportunidad de sabernos hijos y que como tales podamos disfrutar a Su lado de todo lo que Él creó para nosotros, lo que significa que el mal llamado sacrificio es tan solo ser disciplinados.
Isaac (יצחק: sonrisa), también nos proyecta una visión similar, gracias a la fe enseñada por su padre Abraham, la cual nos recuerda que la sangre sacrificial es un llamado a tomar conciencia de nuestros pecados y a que, como creyentes y salvos, debemos buscar la presencia permanente del Creador. Así, hacemos de nuestro cuerpo un templo, Su morada, sabiendo que Su sacrificio en la cruz, nos llama solo a ofrendar nuestra propia vida en cada instante, guiándonos a ser coherentes y consecuentes a ese llamado de amor, que convierte dicho sacrificio en un hermoso acto de servicio.
El Texto de Textos nos revela en Efesios 5:2, “Y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para el Creador”.
Oremos para sacrificar nuestros deseos pecaminosos y acercarnos al Creador a través de la fe en Jesucristo y el amor a nuestros próximos.



