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Mi Kabbala – Tishrei 5, 5786 – Sábado 27 de septiembre del 2025.

¿Ayunar?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 1:18, “venid luego, dice el Creador, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. 19 Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra”.

Nuestra realidad es espiritual, pero la percibimos como material debido a la ilusión del pecado, ese que hace que nuestras almas se perciban como fragmentados. Razón de peso para que busquemos en recursos como el ayuno la oportunidad de retroalimentarnos más de Él, de Su Palabra, acogiéndonos a Su perdón (Tzum), a Su misericordia, a Su justicia, de la cual nos habla (tsadi, צ) como primera letra de esta palabra y que, representa la corona de justicia (Kéter), esa que nos llama a servir a los otros, a integrarnos, por ello vav (ו), como segunda letra, nos invita a percibirnos como próximos y mem (ם), como tercera, redunda en que Él es nuestro alimento y aliento.

Nuestro bienestar radica en estar a Su lado, por lo cual el ayuno es más que un ritual: es un medio para llenar esa sensación de vacío con la Fuerza Superior, logrando así adquirir entendimiento de lo que realmente nos falta: el atributo divino que implica entregarnos a Él. El ayuno nos llama a restringir nuestros deseos fragmentados (jashakím, חֲשָׁקִים), privándonos de esos placeres mundanos y sus distractores, los cuales nos desvían para transformar esos comportamientos egoístas que nos dominan, quizá por ello quien usa ropa de color blanco nos dice que todos nuestros deseos deben envolverse con Su Sabiduría.

Nuestra alma busca retornar a ese elevado estado espiritual original reencontrándose aquí y ahora en su intimidad con el Creador y es allí en donde toda restricción y corrección es necesaria para integrarnos a Él a través de Su obra, quizá por esto, seres justos como Esdras (Ezrá, עזרא), nombre que significa “ayuda”, nos recuerdan la importancia de la oración y de confiar plenamente en Su guía, especialmente en momentos de prueba, desafíos, que nos llaman a comprender que Él tiene el control de todo, lo que implica que en cualquier circunstancia podemos encontrar propósitos aleccionadores.

Cada oración, acto de perdón o ayuno debe integrarnos al Creador y a Su obra, por ende, cada letra, cada signo, cada palabra y cada sendero sefíritico nos llaman a vivenciar ese diario proceso espiritual de crecimiento (tikún), que nos permite redescubrir a cada instante ese Su amor el mismo que motiva lo creado. Fluir divino que nos permite reconocemos como partes de un todo, lo que se debe traducir en contribuir a quienes nos necesitan en vez de apartarnos, lo que quiere decir que al ayunar estamos visualizando esas oportunidades de corregirnos, de ayudar a otros a crecer a través de nuestro ejemplo.

Nuestro Señor Jesucristo nos llena de esa misericordia divina (Jésed, חסד), para que entendamos que el juicio final (Guevurá, גבורה), debe entenderse como un escenario para superar todo aquello que producto de los egoísmos del pecado, sigue alejándonos de ese Su fluir amoroso, por lo cual debemos corregir y enmendar nuestro proceder incoherente, nutriéndonos de Su Palabra, llenándonos así de intenciones, deseos, pensamientos, emociones, expresiones, interacciones e interrelaciones que nos integren en pro de un bienestar común, acorde a esa armonía divina en la cual coexistimos.

El Texto de Textos nos revela Hechos 14:23, “después que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”.

Oremos para convertir nuestros ayunos en acciones de amor.

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