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Mi Kabbala – Tishrei 6, 5786 – Domingo 28 de septiembre del 2025.

¿Crear?

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 3:1, “Él hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Él realiza de principio a fin”.

Él nos creó generando un espacio dentro de si mismo: contracción que se asemeja a la de nuestra mente, escenario que no recibe sino fragmentos de esa Luz Superior que se inactiva para este mundo, dimensión que hace parte de ese infinito (Ein Sof,אין סוף) pero que es necesaria para el accionar de nuestra voluntad, la cual nos hace a Su imagen y semejanza, necesitando eso sí de la perfección de Sus actos, siendo entonces Su Palabra la que vibra para que al nombrar algo construyamos nuestra realidad la misma que interpretamos de una manera particular, generándose así una restricción frente a ese todo al que pertenecemos pero en el que no nos reconocemos.

Apartados de Su Luz, nos absorbe esa realidad finita en la cual Su Voluntad nos ubicó: un espacio libre o vacío que sirvió de lugar para los emanados, y del cual surgió una única línea, la Suya, tiempo que nos reitera que lo que descendió debe ascender, por lo que esa Haz de Luz (אור) se proyecta dentro de nosotros permitiéndonos recrearnos en parte de lo creado, misterio que entendemos poco y del cual solo hacemos una pequeña referencia, ya que nuestros conocimientos limitados no tiene la capacidad de asimilar esa verdad, aislada de nuestros conceptos temporales y espaciales finitos.

Creamos (Bará, בָרָא), lo que significa también recrearnos en lo creado a través de nuestro lenguaje, el mismo que nos posibilita hacer una correlación entre cada letra de Su palabra, de tal forma que esas combinaciones nos aporten mejorados conocimientos en los cuales podamos reconocernos, ya que estamos en el punto más alejado de dicha Luz que, aunque reside en nosotros, nos proyecta una sensación de vacío que reproduce deseos egoístas, confusiones, que intentamos llenar con ilusiones, imaginarios que se deben articular a la vibración de Su Palabra.

Maljut (מלכות), como dimensión física, nos proyecta los aspectos tangibles de una realidad intangible, por ello dicha Sefirá nos llama a caminar por esos senderos inmateriales a través de un lenguaje que aun siendo limitado contiene las posibilidades de llevarnos a percibir esa otra realidad distinta a este mundo de la Acción en que cohabitamos que con sus ficciones nos recrea en movimientos físicos que de todas formas se deben alinear con Su voluntad, por encima de esos deseo egocéntricos que con sus expectativas, solo nos aíslan de retroalimentarnos de esa Fuente de Vida.

Sansón (shemesh, שמש), como nazareo (נזיר, nazir o separado) nos sirve de ejemplo para entender cómo esos deseos fragmentados, mundanos y egoístas nos dominan, y aunque en el fondo forman parte del gran deseo de integrarnos a Él, necesitamos, a través de Su obra, convertirnos en cocreadores proactivos de toda Su realidad, siendo la oración la herramienta más eficaz para provocar esas transformaciones interiores que nos permitirán alcanzar una mejor comprensión e integración de nuestra alma con su Haz de Luz dentro de nuestra mente contraída, siendo Su Espíritu el enlace fundamental para que ese deseo de recibir nos lleve a compartir, convirtiéndonos así en receptores vinculantes.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 3:4, “Porque toda casa tiene su constructor, pero el constructor de todo es Él”.

Oremos para que se incremente el deseo de conocerle y reconocernos en Él.

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