
Mi Kabbala – Tishrei 7, 5786 – Lunes 29 de septiembre del 2025.
¿Arrepentimiento?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 2:1, “fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. 2 Y acabó el Creador en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.3 Y bendijo el Creador al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”.
El concepto de Tikún (תיקון) nos habla de corrección, de reparación y desde las Sefirot de Jésed (חסד), de Su grandeza y bondad, emanación que nos irradia nuestro Creador para que entendamos Su misericordia la misma que nos lleva a perdonar, para coexistir armónicamente en nuestras interacciones, las mismas que por sus ciclos nos aportan experiencias de crecimiento que nos llevan a ir transformando ese deseo egoísta que nos impulsa a competir en vez de compartir, atributo que por sus características implica el integrarnos a través de Su obra irradiando Su Luz, dejando así atrás carencias, quejas y relaciones caóticas adheridas al velo que explica nuestra oscuridad mental.
Arrepentirnos (teshuvá, תשובה) es simplemente el buscar están en Él y con Él, atendiendo su llamado permanente, dentro de una corta realidad terrenal que en cada amanecer nos recuerda que se nos entregan cientos de oportunidades para cambiar ese molde mental egoísta y promover acciones correctivas a esos comportamientos inconscientes pecaminosos, otorgándole así un verdadero sentido a nuestras existencias, al centrarnos menos en nuestros calendarios y más en Su eternidad, Presente que nos llama a vivir en armonía con Su obra, siendo útiles a la misma.
El pecado original nos llevó a alejarnos de Él y a depender más de nuestros actos egoístas, tal vez por ello, Jonás (יוֹנָה), cuyo nombre significa “paloma”, nos recuerda que nuestra función en este mundo no se limita a construir un futuro seguro, sino a corregir nuestra actitud humana frente a la vida, buscando aquello que le otorga a la existencia una razón de ser, trascendente, lo que significa dejarnos guiar por Su Palabra y llevar ese ejemplo a nuestros entornos, con el propósito de buscar la salvación de todos, analogía que llevada al arca de Noé explica esa misión terrenal del Espíritu Santo de limpiarnos y guiarnos.
Este paréntesis que leemos como historia simplemente nos lo otorgó nuestro Salvador al humanarse para que todos como habitantes de estas tierras pecadoras de Nínive (נִינְוֵה), tuviéramos esa oportunidad celestial de redimirnos preocupándonos menos de esas expectativas mercantiles para ocuparnos de lo único que verdaderamente importa: nuestra redención, la cual se nos concede a diario como un presente, que tristemente seguimos despreciando sin entender que solo necesitamos amarnos como Él nos ama.
Quienes anhelan el arrebatamiento de Elías (Ēliyahū, אליהו), que se cree ocurrirá con el cumplimiento de los seis mil años de nuestra historia para dar paso al milenio —el séptimo día según las cuentas del Creador—, nos recuerdan que, en ese momento, nuestro arrepentimiento será tardío, ya que llegará el juicio final. Esto significa que nuestro calendario debe servir más que para calcular aspectos regulares de la naturaleza, las mareas o el ciclo menstrual de las mujeres y su capacidad de procrear; para enfatizar nuestras búsquedas cotidianas en un verdadero despertar y así no seguir desperdiciando las oportunidades de reencontrarnos con Él en la eternidad.
El Texto de Textos nos revela en II de Pedro 3:8, “mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.
Oremos para que no perdamos las diarias oportunidades de amar más.



