
Mi Parashá – Génesis 10:23
Al escudriñar las Escrituras, podemos encontrar, en historias aparentemente insignificantes como las de los hijos de Aram, enormes enseñanzas. Estas surgen cuando vamos más allá de los simbolismos que, debido a nuestras creencias, terminamos aplicando a nuestras vivencias de una forma que quizá podríamos reinterpretar, brindándonos nuevas posibilidades para nuestro crecimiento.
Uz, por ejemplo, simboliza nuestra búsqueda de estabilidad, para la cual se requiere justicia. Sin embargo, como resultado de nuestras mal llamadas pruebas y dificultades, regularmente abandonamos la guía divina para ajustarnos a las erróneas interpretaciones de seres egoístas, cuyos comportamientos, manipulados por sus propios intereses, nos generan injusticias y desestabilización.
Aun así, Él sigue ahí, esperando que confiemos en su guía. Pero preferimos entregarnos a esos seres, sospechando de sus maldades y olvidando que sus acciones tendrán repercusiones eternas. Al final de su etapa de crecimiento en este mundo, en el que se nos brindan cientos de oportunidades diarias de cambio, serán juzgados debido a la infinita misericordia divina.
Por ello, Jul simboliza la transición y el cambio, un proceso permanente que nos recuerda la importancia de adaptarnos y estar en constante movimiento para crecer. Esto no significa acomodarse a la voluntad manipuladora de estos seres, sino no aferrarse a nada terrenal, asumiendo que nuestra evolución espiritual es nuestra mayor oportunidad para reintegrarnos al Creador a través de Su obra.
Así, Geter nos sugiere la necesidad de establecer límites y proteger lo que es valioso, tanto en un sentido físico como espiritual. Este concepto, con su profundo mensaje, es una motivación para entender que sus leyes y mandatos deben guiarnos. De lo contrario, perdemos su protección, esa que, como Salvador, nos permitirá cohabitar a su lado en la vida eterna.
Este breve lapso de tiempo terrenal nos otorga responsabilidades que a veces describimos como presiones, pero que son simplemente situaciones que debemos aprender a manejar a través de nuestro libre albedrío. Asumir todas estas tareas debe acercarnos a la sabiduría divina, que con su luz nos da la fortaleza para superar lo que, física y mentalmente, nos parece imposible.
Seguir otorgando a las pruebas (Uz) más carga conceptual de la que realmente tienen es no querer asimilar que debemos adaptarnos a lo que nos ofrece el día a día. Debemos evitar los apegos de nuestro ego y asumir todos los cambios (Jul) como desafíos de crecimiento. Si confiamos en la guía y protección del Creador, y protegemos (Geter) lo que es valioso para nosotros, podremos coordinar y manejar correctamente todas nuestras responsabilidades (Mas).
La cábala y la gematría nos ofrecen valiosos insumos para leer en Uz (עוּץ), cuyo valor es 176, el territorio de Job. Nuestra estabilidad y la búsqueda de justicia y verdad implican confiar plenamente en Él, lo que solo se logra superando pruebas. Por lo tanto, no podemos seguir viendo nuestras dificultades como castigos. En este mundo, la búsqueda de la verdad nos obliga a vivir engaños hasta que comprendamos que nuestra estabilidad proviene de Él, sin importar lo que creamos percibir debido a nuestro engañoso pecado.
Jul (חוּל), con un valor de 44, nos habla de transición o cambio y se refiere a nuestros movimientos, lentos desde la perspectiva espiritual. Estos movimientos secuenciales conforman nuestra memoria de vida. Así, cuando se nos habla de transición, se nos invita a adaptarnos a cada nueva circunstancia, lo que nos permitirá madurar, obtener más luz en nuestro entendimiento y crecer.
Quizá por eso este mismo valor nos habla de bailar, como una invitación a mantenernos al ritmo que nos propone el Creador a través de Su obra. Al releer el concepto de Geter (גֶּתֶר), cuyo valor es 603, la gematría nos da la idea de cercar o proteger, sugiriendo la importancia de mantenernos dentro de los límites establecidos por el Creador, ya que Él es quien nos protege.
Aunque en este mundo enfrentamos situaciones que no coinciden con nuestras expectativas, como la muerte, todo forma parte de su plan. Este corto y limitado lapso de vivencias, frente a la infinita eternidad, nos sofoca. Nuestra tarea es mirar hacia arriba, al cielo, en vez de seguirnos aferrando a la tierra. Su protección es la que nos proporcionará los insumos necesarios para sentirnos seguros, confiados y guiados por Él.
Por ello, el concepto de Mas (מַשׁ – Mash), cuyo valor es 340, que habla de presión, también nos recuerda que la palabra responsabilidad tiene que ver con esa respuesta que ya poseemos a través de nuestras habilidades y dones para enfrentar los desafíos. Estos solo nos llaman a elevarnos, a recordar nuestra esencia, a superar el pecado que adormece nuestro ser, pero que, al ser iluminado por la sabiduría divina, se disipa, ya que nos llenamos de la fortaleza espiritual de saber que la vida es otra cosa.



