
Mi Parashá – Génesis 10:6
Una vez estudiados los hijos de Cam, los siguientes versículos nos hablan de los descendientes de Cam, otro de los hijos de Noé, quien además fue maldito. Esta expresión, aunque tiene fuertes repercusiones, nos reitera como creyentes que fueron las mismas acciones de Cam las que generaron dichos efectos que su padre y el mismo Creador le recordaron, no tanto como castigo, sino para que, al reconocer sus errores, él y su descendencia pudieran corregir todos esos aspectos que implican usar nuestro lenguaje para crear y recrearnos en bendiciones.
Cam (חָם – Cham), con un valor gemátrico de 48 (ח = 8, ם = 40), al descomponerse en 4 + 8 = 12, y luego 1 + 2 = 3, nos habla de esa creatividad que, como manifestación, nos llama a usarla de tal forma que sea útil para los propósitos divinos. En su caso, esto es todo un reto, ya que, como reflexionamos, no solo recordó la vergüenza de nuestra desnudez al observar a su padre, sino que además no intentó cubrirla.
Quizá por ello, Cam, como antepasado de pueblos y civilizaciones que se asentaron en África y el Medio Oriente, proyecta de alguna forma la reiteración, prolongación y magnificación de sus errores en aquellos seres que, como Cus (כּוּשׁ – Cush), con un valor gemátrico de 326 (כ = 20, ו = 6, ש = 300), al descomponerse nos lleva al 3 + 2 + 6 = 11, y luego 1 + 1 = 2, recordándonos esa dualidad que, con sus fuerzas, nos llama a la búsqueda de un equilibrio.
Creatividad que, en el caso de Cus, al trasladarse al territorio de Etiopía y otras regiones africanas, simboliza la búsqueda de esa balanza que incluso se desalinea cuando observamos el poder que se genera entre las naciones. Tal vez por ello, más adelante, los descendientes de Cus protagonizan, dentro de las mismas narraciones bíblicas, circunstancias que nos incitan a recordar estos rasgos genéticos dentro del plan del Creador.
Mizraim (מִצְרַיִם – Mitzrayim), con un valor gemátrico de 380 (מ = 40, צ = 90, ר = 200, י = 10, ם = 40), que puede descomponerse en 3 + 8 + 0 = 11, y luego 1 + 1 = 2, nos lleva a Egipto y a esa cultura que está relacionada, además de con la dualidad, con el poder, el mismo que ha significado esclavitud, un modelo altamente influyente tanto en el mundo antiguo como en el actual.
Fut (פוּט – Put), con un valor gemátrico de 496 (פ = 80, ו = 6, ט = 9), al descomponerse en 4 + 9 + 6 = 19, y luego 1 + 9 = 10, puede representar la totalidad y la completitud. Aunque Fut es menos mencionado en la Biblia, se cree que representa una región en el norte de África, lo que podría simbolizar una contribución completa y total a la civilización a su manera.
Pero es Canaán (כְּנָעַן – Cnaan), con un valor gemátrico de 190 (כ = 20, נ = 50, ע = 70, ן = 50), que se puede descomponer en 1 + 9 + 0 = 10, y luego 1 + 0 = 1, quien, aunque simboliza el comienzo, el origen y la singularidad, nos proyecta, a través de un territorio, esa disputa con sus hermanos, quienes heredaron desde las Sagradas Escrituras este espacio en donde ellos se ubicaron.
Quizás por ello, Canaán, como punto de origen de las diversas narrativas bíblicas, no solo nos proyecta nuestras raíces y su influencia en nuestra identidad, sino que nos llama a comprender que esas diferentes culturas, antes que dividirnos, están para que nos complementemos y busquemos nuestra unidad. Sin embargo, ese legado, al ignorar el papel que desempeñamos dentro de la creación, puede generar grandes desequilibrios en el mundo.



