
Mi Parashá – Génesis 11:1
Nuestra búsqueda es la unidad total como humanidad, un proceso que requiere que todos compartamos una sola lengua y, gracias a ella, un mismo propósito. Por ello, esta visión unificadora necesita un ciclo completo y perfecto, para que la capacidad que tenemos de comunicarnos de manera efectiva se unifique, permitiéndonos un entendimiento y cooperación sin precedentes.
La unidad en palabras y propósito refleja, además, esa armonía interna que luego debe manifestarse externamente, para que nuestros pensamientos también sean uno, generando acciones que contribuyan al ideal de la creación divina. Quizá por ello, la invitación a buscar la unidad en toda la tierra debe comenzar en nuestras relaciones, para luego proyectarse en nuestras comunidades.
La verdadera fuerza y realización provienen de la cooperación y la unidad. Por lo tanto, debemos valorar nuestra comunicación, que originalmente era una, más efectiva y afectiva, fruto de la claridad en nuestras palabras y pensamientos, lo cual es clave para la armonía y el entendimiento.
Al unificar nuestros propósitos, mediante una misma lengua, podremos trabajar para alinear nuestras intenciones y acciones hacia un bien común elevado. El concepto de “toda la tierra” (כָל־הָאָרֶץ – Kol ha’aretz), cuyo valor en la gematría es 360, nos da la idea, gracias a la palabra “Kol” (todo o cada), de un ciclo completo, una totalidad. Esta unidad y completitud existían en la humanidad antes de la dispersión.
Nuestra lengua (שָׂפָה – Safa), cuyo valor es 385, aludiendo a los labios o al lenguaje hablado, proyecta esa capacidad de comunicación y entendimiento entre los seres humanos. Es un símbolo poderoso de nuestra capacidad creativa que nos llama a la reconexión.
Por ello, el término una (אֶחָת – Echat), cuyo valor es 409, representa la unicidad que existía entre los seres humanos en términos de comunicación y propósito, un principio fundamental que refleja la armonía y la interconexión de toda la creación. Nuestras palabras (דְבָרִים – Dvarim), cuyo valor es 256, representan el acto de comunicarnos y de compartir conceptos, una herramienta poderosa para crear, transformar y conectar.



