Back

Mi Kabbala – Iyar 24, 5785 – Jueves 22 de mayo del 2025

¿Parejas?

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 31:10, “mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. 11 El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. 12 Le da ella bien y no mal todos los días de su vida”.

El concepto de esposo (baʻal, ַלבַּעַל), tiene varias interpretaciones, aunque la más coherente nos invita a una promesa, pacto que parte del mismo momento en que el Creador decide que no es bueno que el hombre se encuentre solo y por ello le hace una ayuda idónea en la búsqueda de su perfección, proceso de reintegrarnos que se da solo a través de ese unión con dicha dama y el Creador, de allí que la mujer cumpla con el objetivo primordial de complementarnos, encuentro más espiritual que físico, que arroja como resultado el integrarnos al Creador, lo que significa que todo se debe unir nuevamente a Él.

Es la mujer la única que puede perpetuar nuestras generaciones y extender el mundo, por ello es la base del amor, rol que incluye el de educar y apoyar sus crías, por ello el aspecto femenino de la Creación tiene que ver con recibir (Lekabel, לקבל), siendo el hombre como tal un elemento auxiliar que existe para ella, para dar, roles que se han ido cambiando y han hecho que ya el mundo no exista en torno a la mujer y que por el contrario, esa parte femenina no pueda indicarle a este planeta masculino cómo actuar correctamente para su beneficio, proyectándonos solamente más confusiones y desarmonías.

El mundo debe moverse hacia la corrección y ellas al ser el último acto del Creador pueden con esa mayor divinidad y Luz guiarlo todo. Y es que así como el Creador es otorgante y por ello la parte otorgante es una acción masculina, nosotros lo creado somos el receptor, el Kli o vasija (yotzer, יוצר) y proyectamos esa acción femenina. Lo que para algunos estudiosos quiere decir que estamos dentro de una dimensión femenina en donde sin embargo, como no se comprende esta verdad, hemos llevado a estas damas a verse como inferiores cuando realmente son las dadoras de la misma vida. 

Como creyentes debemos entender que cuando el Creador (Elohim, אֱלֹהִים) realiza una acción masculina, nosotros, los creados, desde el alma del primer hombre y la primera mujer, recibimos de Él y posteriormente realizamos también una acción masculina que nos debe llevar a dar, recepción de su luz en nuestros entornos que logra esa conexión entre las partes en pro de la perfección. División inscrita incluso en nuestros genes y que nos aporta más de lo que suponemos, para poder reintegrarnos a una creación plena de Luz, amor y satisfacción infinita en donde las mujeres son esencia y fundamento. 

Elad (אֶלְעָד), escudo, nos recuerda a los creyentes que debemos comprender que no se trata de posturas distintas ni opuestas, sino complementarias, indispensables para nuestra armonía, lo que nos permite además a través de lo femenino acceder más fácil a esa Luz Interior. Haz de Luz que los hombres confundimos por nuestro deseo egoísta de recibir siendo ellas más receptoras, si, seres que otorgan. No es gratuito que dependamos de mujeres abnegadas, esposas o madres, parejas que nos motivan para no perder ese horizonte en donde gracias a ellas continuamos. Ya que ellas han sido, son y serán las que corrigen el rumbo; de tantos acontecimientos errados que nos desorientan de Él.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 3:11, “de igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo”.

Oremos para que las mujeres no pierdan su rol de ser nuestras guías.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *