Back

Mi Parashá – Génesis 11:14

Nuestro orgullo y arrogancia son peligrosos, especialmente cuando se refleja ese deseo incoherente de construir una torre que alcance el cielo, la cual simboliza nuestro erróneo esfuerzo por alcanzar la grandeza y la trascendencia sin la guía de nuestro Creador. Intentar establecer nuestro propio orden, independientemente de lo divino, solo genera desequilibrio y desacuerdos.

Nuestra tendencia a organizarnos social y terrenalmente, asumiendo nuestros esfuerzos físicos y mentales para crear todas esas estructuras que gobiernan nuestras búsquedas, debe ser revisada. Esto se debe a que a menudo olvidamos que todo debe basarse en una sólida fundación espiritual. Quizá por eso, al identificarnos con estas obras, simplemente nos estamos dejando guiar por el ego.

La búsqueda de un “nombre” o de “fama”, incluso a través de construcciones como la torre de Babel, intenta en vano establecer una especie de poder que ignora las leyes espirituales. Por ello, el número 77, asociado a esa torre, nos recuerda que la arrogancia humana siempre lleva al conflicto y a la eventual caída, mientras que el número 236, de “nafutz”, nos indica que la dispersión no es solo un castigo, sino una oportunidad para que la humanidad aprenda a valorar la diversidad y la verdadera unidad bajo la guía divina.

La palabra “vamos”, הָבָה (Hava), con un valor de 12 (ה=5, ב=2, ה=5), asociado con la organización y estructura, refleja el intento de los humanos por unirse en un propósito común, pero basado en un deseo egoísta de grandeza y poder. Sumado a la motivación de “construir para nosotros una ciudad” נִבְנֶה־לָּנוּ עִיר (Nivneh-lanu ir), denota el deseo humano de establecer un orden propio, independientemente de la guía divina, lo cual es incorrecto.

La palabra עִיר (ir, ciudad), con un valor gemátrico de 280 (ע=70, י=10, ר=200), denota la creación de un espacio urbano que, en este contexto, representa un alejamiento del orden natural y divino. Este valor, relacionado con la materialidad y las preocupaciones terrenales, nos indica que este camino se opone a la espiritualidad.

El concepto de torre, “מִגְדָּל” (Migdal), con un valor de 77 (מ=40, ג=3, ד=4, ל=30), además de hablarnos de las pruebas y el conflicto, también reitera que la torre que pretendía llegar al cielo denota ese deseo de elevarnos más allá de los límites humanos naturales, una rebelión contra los designios divinos, que solo refleja nuestra arrogancia al intentar alcanzar lo divino mediante medios materiales.

La palabra “nombre”, שֵׁם (Shem), con un valor de 340 (ש=300, מ=40), que se puede entender como reputación, presenta el erróneo objetivo de los constructores de crear un nombre para sí mismos, como símbolo de poder y autoridad, algo vacío, buscado para el ego y no para glorificar al Creador. El mismo número 340 también está relacionado con la revelación de la identidad espiritual, pero en este caso, es un intento de distorsionar esa revelación con fines personales.

El concepto de cielo, “שָׁמַיִם” (Shamayim), con un valor de 390 (ש=300, מ=40, י=10, מ=40), simboliza lo inalcanzable por medios humanos, por lo que el intento de construir una torre que llegue al cielo representa solo el esfuerzo de alcanzar la divinidad o lo celestial mediante obras materiales, una ambición que no respeta los límites naturales de la condición humana.

El deseo de trascender sin el debido respeto a la voluntad divina es la razón por la que el versículo menciona “no ser esparcidos”, פֶּן־נָפוּץ (Pen-nafutz), donde la expresión “nafutz” (נָפוּץ), “esparcidos”, con un valor de 236 (נ=50, פ=80, ו=6, צ=100), alude al miedo humano a la dispersión y la separación, pero también al conflicto entre el deseo de unidad a través de medios egoístas y el plan divino, que eventualmente llevará a la dispersión de los pueblos para diversificar el mundo.

Los constructores de Babel eran en su mayoría descendientes de Cam (Ham), particularmente a través de su hijo Cus (Kush), padre de Nimrod, el gran instigador de la construcción: “Y Cus engendró a Nimrod; éste comenzó a ser poderoso en la tierra…” (Génesis 10:8) Nimrod fue el arquetipo del rebelde espiritual, alguien que usó la energía del liderazgo para erigirse como figura de oposición a Dios.

Su deseo para la cábala implica tres niveles de intención:

 “Edifiquémonos una ciudad y una torre”: Símbolo del control total del espacio y el conocimiento. Quisieron crear una estructura artificial que suplante la conexión con lo divino. En términos de las sefirot, esto refleja un desequilibrio: uso excesivo de Guevurá (juicio y separación) sin Jesed (amor divino).

 “Cuyo cúspide llegue al cielo”: No para conectarse con Dios, sino para invadir el dominio divino. En algunos midrashim, incluso se dice que querían “luchar contra Dios” o poner un ídolo en el cielo. Representa un intento de romper el límite entre los mundos, como si se quisiera penetrar el plano de Atzilut (emisiones divinas) sin pasar por el Tikún (corrección).

 “Hagámonos un nombre”: En la cábala, el nombre (Shem, שם) representa esencia espiritual y misión divina.

Ellos querían un nombre propio, no uno otorgado por el Creador. Es decir, desvincularse del Nombre Divino (el Tetragrámaton) para crear una realidad autónoma.

“Shem” (שם) = 340. Este número es también el valor de Esav (עשו), el hermano de Yaakov, quien representa el lado de la fuerza sin Tikún, lo instintivo, sin control espiritual. También se relaciona con la palabra “severidad” cuando se desbalancea.

Nimrod (נִמְרוֹד) = 294, es igual a “Tzar” (צַר) + “Mavet” (מָוֶת) = opresión + muerte → lo que sugiere que Nimrod representa una fuerza que oprime la vida divina dentro del ser humano.

 “Babel” (בָּבֶל) = 34. El mismo valor que “Evel” (הבל) – vano, vacío, también relacionado con Hevel, el hermano de Caín. Babel representa confusión, dispersión del propósito, ruido sin claridad.

Nimrod → hijo de Cus → hijo de Cam, fue el hijo que vio la desnudez de Noé y fue asociado con la dimensión de la desconexión espiritual o la pasión sin límite. En términos cabalísticos: Shem representa la línea espiritual sagrada, el “cohen” arquetípico. Yefet representa la belleza, la cultura. Cam representa lo físico, la materia sin sublimación.

Así que los constructores de Babel estaban en su mayoría alineados con Cam, usando el mundo material para construir sin alma.

La frase “hagámonos un nombre” (וְנַעֲשֶׂה־לָּנוּ שֵׁם) puede interpretarse también como: Crear una identidad separada del nombre de Dios (YHVH). En términos del Zohar, esto es un intento de crear una “yeshut atzmit” – existencia autónoma, fuera de Ein Sof (la infinitud divina). La cábala enseña que el nombre es el canal de luz. Cambiar el nombre con la intención de cortar el flujo divino implica una forma de idolatría espiritual: querer existir sin dependencia de lo Superior.

Los ladrillos, como lo hemos venido estudiando significan una creación sin fundamento divino, el nombre propio (שם), ego, separación, identidad sin tikún y el ser descendientes de Cam: Exceso de Guevurá, desconexión de la espiritualidad.

La historia de Babel no es solo un episodio antiguo, sino una advertencia atemporal sobre los peligros de construir una vida (o civilización) desde el ego, el poder y la separación, en lugar de desde la humildad, el propósito y la conexión divina.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *