
Mi Parashá – Génesis 11:24
Es importante que entendamos lo que realmente significa nuestra madurez, pues a través de ella podemos engendrar una nueva vida. En este caso, Najor, a los 29 años, da paso a Taré, su hijo. “תֵּשַׁע וְעֶשְׂרִים שָׁנָה” (Teshah ve’esrim shanah), Teshah (תֵּשַׁע) “nueve”, tiene un valor gemátrico de 370 (ת=400, ש=300, ע=70); y esrim (עֶשְׂרִים) “veinte”, tiene un valor gemátrico de 620 (ע=70, ש=300, ר=200, י=10, ם=40). Esta combinación numérica nos habla de un ciclo de madurez en la vida de Najor, que marca el momento de crecimiento y preparación para asumir nuevas responsabilidades, como la de engendrar y guiar a las siguientes generaciones.
El valor gemátrico de Najor (264) refleja la continuidad de la cadena espiritual que él representaba, uniendo a sus antecesores con las generaciones futuras. Nunca perdamos de vista que cada eslabón de esta cadena consanguínea es esencial para la preservación y transmisión del legado espiritual. Najor cumplió con esta función al engendrar a Taré, quien jugaría un papel clave en la historia del monoteísmo.
El nombre Taré “תָּרַח” (Taré), con un valor gemátrico de 608 (ת=400, ר=200, ח=8), simboliza una etapa de transición importante en la historia espiritual. Taré fue el padre de Abraham, el patriarca que introduciría el monoteísmo al mundo. Este nombre también indica que su vida estuvo marcada por un momento de transformación, que llevaría al cambio más significativo en la historia de la humanidad: la revelación de un solo Creador a través de Abraham.



