
Mi Parashà – Gènesis 11:25
Después de engendrar a Taré, vivió Najor ciento diecinueve años más, lo que le dio tiempo suficiente, como a sus antecesores, para guiar a su descendencia y asegurar que el conocimiento y las enseñanzas que había recibido fueran transmitidos adecuadamente: “מֵאָה וְשֵׁנִים שָׁנָה” (Me’ah veshanim shanah), con un valor gemátrico de me’ah veshanim (מֵאָה וְשֵׁנִים) de 356 (מ=40, א=1, ה=5, ו=6, ש=300, נ=50, י=10, ם=40).
Estos valores nos reiteran una y otra vez la importancia de la continuidad de nuestro linaje espiritual, ya que, como se nos ha venido expresando, cada generación es responsable de mantener viva la conexión con lo divino. Najor cumplió con esta responsabilidad al engendrar hijos e hijas y continuar la transmisión del legado espiritual.
La Biblia es enfática al advertirnos sobre nuestra responsabilidad en la transmisión de ese legado espiritual, ya que cada uno de nosotros tiene el deber de guiar a las futuras generaciones y asegurar que ese conocimiento y sabiduría que hemos recibido continúen floreciendo y expandiéndose.



