
Mi Kabbala – Sivan 19, 5785 – Lunes 16 de junio del 2025
¿Oracción?
El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 8:30, “Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona”.
La mejor forma de acercarnos y comunicarnos con el Creador es a través del canal que Él mismo dispuso para ello: la oración. Y aunque contamos con modelos como el Padre Nuestro, dado por nuestro Señor Jesucristo para guiar nuestras diarias reflexiones, también tenemos en los Salmos, fuentes especiales de encuentro para que con sus himnos y cantos de alabanza tengamos una guía en pro de estar cada vez más cerca del Creador y así entender que el cómo gracias a esas plegarias somos mas agradecidos (תּוֹדָה, todah).
Los salmos como cantos y alabanzas contienen experiencias humanas y por ello sus letras (shir), presentan una especie de pasos (HaMa’alot, שִׁיר הַמַּעֲלוֹת), que nos sirven de referencia para elevarnos por esa escalera que conduce desde el patio de este mundo hasta el santuario más sagrado del Templo en el cielo, posibilitándonos un encuentro con el Creador a través del Espíritu Santo, que alinea nuestro templo corporal, logrando con esa armonía sagrada que nuestros sacrificios y ofrendas hacia ÉL nos posibiliten como hijos el limpiarnos de nuestros errores y pecados.
Los salmos nos ayudan a redirigirnos hacia arriba y nos invitan a percibirnos como peregrinos en este viaje por la tierra, el mismo que nos denota que a medida que nos acerquemos más al Creador, hacia la ciudad de Jerusalén celestial, vamos alegrándonos convirtiendo ello en alabanza, esperanza de nuestra victoria final, es por ello que la Biblia a través de este libro de alabanza nos ejemplariza a través de seres como Ana (חנה, Jana) madre del profeta Samuel, el cómo esas emotivas oraciones nos aportan para atender la guía de nuestro Padre Celestial.
Ella por años, se sintió avergonzada porque era incapaz de concebir hijos, enseñanza paciente para confiar en É, el tiempo que sea necesario, por ello, al quedar embarazada exclamó llena de alegría: “mi corazón se regocija en ti, Señor, Tú levantas del polvo al pobre”. Contexto que en hebreo, hitpalel (התפלל), que nos habla desde la raíz PLL (פלל), que significa juzgar, pero que a través de las otras letras contiene el prefijo reflexivo hit, que “hay que hacer algo hacia uno mismo” o sea que la alabanza y oración siempre deben empezar por observar nuestros estados internos, para con ellos evaluar sinceramente nuestras reflexiones y así cada uno sea en última instancia, su propio juez y por ende quien corrija lo que no viene haciendo conforme a esos propósitos divinos.
Ejemplos y conceptos que nos reiteran que solo después de estar uno mismo bien y en paz con el Creador es que puede comenzar a elevar peticiones, por ello la oración de Ana y sus efectos trascendentales. No obviemos entonces que cuando el mismo Salomón (שְׁלֹמֹה) terminó de construir el Templo, oró al Padre amoroso para agradecerle. Y que también Jonás cuando estuvo en el vientre del gran pez, oró al Creador por su liberación arrepintiéndose de sus actos, lo cual nos llama no solo a orar como creyentes sino a reconocer nuestros errores pecados, alabándole permanentemente por todo y por todos sus favores, teniendo como referencia los Salmos.
El Texto de Textos nos revela en Santiago 5:16, “la oración del justo es poderosa y eficaz”.
Oremos y alabemos permanentemente a nuestro Creador con los Salmos.



