
Mi Parashá – Génesis 11:26
A partir de este versículo se introduce en nuestra historia la vida de Abram, quien es el padre de nuestra fe y nació de Taré, quien vivió setenta años. Esto no desdice de la plenitud y preparación que alcanzó, ya que de él provino aquel ser que desempeñaría un rol trascendental para que asumiéramos el monoteísmo como creencia.
El número “setenta” es de suma importancia: “שִׁבְעִים שָׁנָה” (Shiv’im shanah), con un valor gemátrico de shiv’im (שִׁבְעִים) de 422 (ש=300, ב=2, ע=70, י=10, ם=40). Este número nos lleva a la idea de los setenta ancianos de Israel y los setenta idiomas que representan a las naciones del mundo. Nos reitera que nuestra plenitud y preparación para engendrar a nuestros hijos es un insumo fundamental para el desarrollo de la humanidad en su relación con lo divino.
Avram (אַבְרָם), con un valor gemátrico de 243 (א=1, ב=2, ר=200, ם=40), Najor (נָחוֹר) con un valor de 264 (נ=50, ח=8, ו=6, ר=200), y Harán (הָרָן), con un valor de 255 (ה=5, ר=200, נ=50), son tres nombres que, en su orden específico, nos hablan de los roles que cumplimos como parte de un linaje. La mención de Abram en primer lugar subraya, por ende, su importancia.
El valor gemátrico de Avram (243) refleja que fue elegido para cumplir una misión trascendental, y su vida estaría marcada por una profunda transformación al convertirse en Abraham, el patriarca de una nación dedicada al monoteísmo. Esto nos invita, como creyentes, a reflexionar sobre si estamos preparados para asumir grandes responsabilidades.



