Back

Mi Kabbala – Sivan 20, 5785 – Martes 17 de junio del 2025

¿Trinitarios?

El Texto de Textos nos revela en Génesis 18:2, “Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos”.

La Biblia nos presenta a través de las vidas de cientos de seres humanos con características similares a las nuestras, bellas analogías. Uno de los ejemplos más sorprendentes para crecer en esa fe, aparece en la historia de Daniel y sus tres compañeros: Sadrac, Mesac y Abednego, quienes originalmente, eran conocidos como Ananías, Misael y Azarías. Tres nombres hebreos fieles que se mantienen firmes a la palabra y promesa del único Creador: Elohim o Yahvé. Daniel (דָנִיֵּאל), Él ha juzgado, dan, (Hananiah, חֲנַנְיָה), el Señor, yah, ha sido bondadoso, Hanan (Mishael, מִישָׁאֵל) ¿Quién es como misha, Él? Y Azariah (עֲזַרְיָה), el Señor, yah, ha ayudado, azar.

Tres valientes que rechazaron audazmente la idolatría, padeciendo, al ser arrojados a un horno ardiente del cual sobrevivieron milagrosamente, gracias a su profunda fe, denotándonos que esa confianza en Su guía nos protege, por ello, estudiosos de la gematría ven en el número 3, una enorme importancia, aduciendo que este es de los más sagrados, lo que implica que palabras como shalosh (שָׁלֹשׁ) por su simetría, al estar compuesta por dos shin(ש) signo de 3 puntas que rodea por lo alto a lamed, nos permita vislumbrar ese carácter firme que requerimos para confiar solo en Él.

Los creyentes hablamos incluso de la trinidad, perspectiva que nos incita a apreciar el cómo el Creador se entre mezcla (arevut) con nuestras vivencias en pro de vincularnos a través de ellas fraternal y servicialmente, siendo nuestra historia similar a la de nuestros ancestros que avanzaron por el desierto. No olvidemos que tres de las doce tribus tomaron la difícil decisión de establecerse a las afueras de la Tierra Prometida: Rubén, Gad y media tribu de Manasés, denotándonos que el mejor territorio para el pastoreo no solo está al oriente del Jordán sino en nosotros al mirarnos y ministrarnos (שָׁרַת, sharath) como hermanos.

Decisión que no se debe mirar como un acto egoísta, ya que las tres tribus no estaban abandonando a sus hermanos, sino que al establecerse en Canaán, manteniendo el pacto de lealtad,  nos legaron como próximos la necesidad de proyectar en ese triangulo de vivencias tal como Abrahán, su nieto Jacob e Isaac el intermedio, ese camino de fe que nos llama a mantenernos unidos gracias a las enseñanzas de Su palabra la cual ilumina nuestros entendimientos para que como pueblo e iglesia entendamos nuestra trilogía (שלוש, shalosh) como seres físicos, mentales y espirituales.

La búsqueda de ese equilibrio nos habla por ende a través de esa letra shin (ש) y sus tres  puntas una motivación permanente a la unión, no solo interna para que nuestro ser coexista con esa armonía divina, sino externa gracias a que  como Isaac mantengamos esa templanza para ver el punto de equilibrio al estar junto a su padre y a su hijo, o a los tres  ángeles que visitaron a Abrahán, llamado a reflexionar en esa santísima trinidad, que como estructura celestial infunde a nuestras vidas ese toque de espiritualidad, gracias al ver en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nuestra salvación, redención y guía, siendo por ende necesario el congregarnos en unidad como pueblo e iglesia.

El Texto de Textos nos revela en Juan 3:34, “Porque aquel a quien el Creador ha enviado habla las palabras del Creador, pues El da el Espíritu sin medida”.

Oremos para que la trinidad guie nuestras vidas.

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *