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Mi Parashá – Génesis 12:16

Hay diversas formas de leer la Biblia, PARDÉS, expresión que nos sugiere cuatro niveles de interpretación para la lectura de un texto. Peshat: el sentido literal y simple del texto; Remez: el nivel alegórico o simbólico, que revela significados ocultos; Derash: la interpretación homilética o rabínica, que busca aplicar las enseñanzas a la vida diaria; y Sod: el nivel místico y secreto, que explora los significados ocultos más profundos y espirituales.

En este caso, estamos intentando hacer una lectura desde el nivel místico que presenta la intervención de Sarai como benévola para Abram, al punto que él recibe muchas posesiones valiosas, incluyendo ganado, siervos y animales, mientras ella está en la casa del faraón.

El concepto de ir bien, הֵיטִיב (Heytiv), cuyo valor gemátrico es 27 (ה = 5, י = 10, ט = 9, ב = 2), aunque se asocia con bondad (hetiv), que proviene del flujo de la benevolencia divina, en este caso es una prueba, ya que la prosperidad material no siempre está alineada con la prosperidad espiritual. Por ello, el número 27 en este contexto sugiere que el bien que Abram recibe es temporal y está ligado a una situación que aún no ha alcanzado su resolución espiritual.

La expresión “por causa de ella”, בַּעֲבוּרָהּ (Ba’avurah), cuyo valor gemátrico es 318 (ב = 2, ע = 70, ב = 2, ו = 6, ר = 200, ה = 5, הּ final), relacionada con la protección y el cuidado divino, presenta a Sarai como intermediaria de esa bendición. Nos recuerda que este bienestar no proviene del faraón, sino que está ligado al plan divino para Abram y Sarai.

Las ovejas y el ganado, צֹאן וּבָקָר (Tzon u’bakar), צֹאן (ovejas) y בָּקָר (ganado vacuno), cuyo valor gemátrico es 136 y 302 respectivamente, aunque simbolizan abundancia material, también se relacionan con responsabilidad. El número 136 (צֹאן) está asociado con la dualidad y la elección, mientras que 302 (בָּקָר) puede relacionarse con el concepto de transformación y renovación, lo que sugiere que esta riqueza tiene el potencial de ser una bendición o una carga, dependiendo de cómo se utilice.

La expresión siervos y siervas, עֲבָדִים וּשְׁפָחֹת (Avadim u’shfachot), עֲבָדִים (siervos), cuyo valor gemátrico es 126 (ע = 70, ב = 2, ד = 4, י = 10, ם = 40) y שְׁפָחֹת (siervas), con un valor de 794 (ש = 300, פ = 80, ח = 8, ו = 6, ת = 400), nos da la idea de esos recursos humanos, que aunque reflejan poder y riqueza, también traen consigo responsabilidad. El número 126 señala la necesidad de equilibrio, mientras que el 794, número grande, indica una gran responsabilidad y control que deben ser administrados con sabiduría.

Por su parte, los camellos, גְמַלִּים (Gemalim), cuyo valor gemátrico es 83 (ג = 3, מ = 40, ל = 30, י = 10), representan más que un medio de transporte, esa capacidad de viajar largas distancias. El número 83 está asociado con la capacidad de avanzar y seguir adelante en el camino espiritual, lo que sugiere que la prosperidad que Abram recibe también tiene el potencial de ayudarlo a avanzar en su viaje espiritual si se utiliza correctamente.

Este versículo plantea una situación paradójica: a pesar de que Sarai ha sido tomada por el faraón, Abram recibe una gran cantidad de bienes materiales. Desde una perspectiva cabalística, la riqueza que Abram recibe puede parecer una bendición, pero también es una prueba. La prosperidad material, aunque valiosa, no es necesariamente un reflejo de bienestar espiritual.

De ahí la importancia de reflexionar sobre cómo manejamos la prosperidad material en nuestras vidas, ya que los bienes y las riquezas son herramientas que pueden ayudarnos en nuestro crecimiento espiritual, pero también pueden ser una distracción si no los manejamos con responsabilidad y conciencia.

Abram recibe prosperidad material debido a Sarai, pero esta situación también es una prueba. Nos recuerda que la riqueza no siempre es un reflejo de éxito espiritual y que debemos estar atentos a cómo utilizamos los recursos que se nos otorgan. Las bendiciones materiales pueden ser un medio para avanzar en nuestro viaje espiritual, pero también pueden convertirse en una carga si no las manejamos con sabiduría.

Este versículo nos invita a buscar un equilibrio entre lo material y lo espiritual, y a recordar que, incluso en momentos de prosperidad, debemos estar alineados con nuestro propósito espiritual y utilizar los recursos que tenemos para avanzar en nuestro camino hacia una mayor conexión con lo divino.

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