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Mi Parashá – Génesis 12:17

La Biblia no es solo un texto para leer y seguir, sino un código que contiene la clave para entender los misterios del universo. Al leer nuestra propia historia como humanidad, no podemos quedarnos solo con el relato de hechos históricos; debemos intentar desentrañar los mensajes que se nos revelan, los cuales, aunque pueden parecernos ocultos, nos ofrecen otros significados con los que podemos conectarnos mejor para alcanzar las profundidades de la sabiduría divina y sus propósitos para con nosotros.

Cada signo, letra, palabra, número, expresión, contexto, lugar o versículo nos proporciona herramientas para nuestro crecimiento personal integral. Esto nos lleva a releer la intervención divina, que regularmente acontece para restablecer el equilibrio, especialmente cuando los principios espirituales han sido transgredidos.

En este caso, el faraón tomó a Sarai sin saber que era la esposa de Abram, un acto de tomar lo que no le pertenece, incluso de manera inconsciente, lo que desencadena la intervención del Creador para proteger a Sarai y restablecer el orden. La expresión vayenaga (“hirió”), cuyo valor gemátrico es 133 (ו = 6, י = 10, נ = 50, ג = 3, ע = 70), sugiere que el acto de herir está relacionado con la restauración del equilibrio y la justicia.

Dios interviene cuando el faraón viola los principios divinos, señalando que el juicio divino tiene un propósito correctivo. Por ello, la expresión grandes plagas complementa el contexto. נְגָעִים גְּדֹלִים (Nega’im gedolim), נְגָעִים (plagas), cuyo valor gemátrico es 203 (נ = 50, ג = 3, ע = 70, י = 10, ם = 40), mientras que גְּדֹלִים (grandes), cuyo valor es 77 (ג = 3, ד = 4, ל = 30, י = 10, ם = 40), nos hablan de la corrección divina que busca realinear lo que ha sido distorsionado.

El número 203 está relacionado con la purificación, mientras que el 77 está vinculado al poder espiritual. Juntos, sugieren que las plagas no son solo un castigo, sino una forma de limpiar y restaurar el orden espiritual. Por ello, el concepto de su casa, בֵּיתוֹ (Beito), cuyo valor gemátrico es 411 (ב = 2, י = 10, ת = 400, ו = 6), representa ese entorno donde se manifiestan las fuerzas materiales y espirituales. El número 411 alude a la verdad (emet), que también tiene el valor de 441, indicándonos que la plaga que afecta la casa del faraón es una revelación de la verdad, exponiendo la naturaleza errónea de sus acciones.

Más adelante, esta historia se repite con Moisés, recordándonos nuestra metodología pedagógica de ensayo y error, que nos lleva a implantar el hábito deseado en nuestra memoria inconsciente. La expresión “por causa de”, עַל-דְּבַר (Al-devar), cuyo valor gemátrico es 306 (ע = 70, ל = 30, ד = 4, ב = 2, ר = 200), nos llama a reflexionar sobre la corrección implícita como una responsabilidad.

La plaga ocurre “por causa de” Sarai y demuestra que las acciones del faraón al tomarla, sin conocer su verdadera identidad, desencadenaron consecuencias espirituales por violar las leyes divinas. Sin embargo, el número 203, asociado con las plagas (nega’im), también está vinculado con la purificación y la corrección. Por lo tanto, las plagas no son solo una forma de castigo, sino una herramienta para limpiar y realinear la energía espiritual que ha sido contaminada.

A través de estas plagas, Dios restaura el equilibrio y protege a Sarai, quien está en peligro debido a las acciones del faraón. Debemos reflexionar más a fondo sobre cómo las fuerzas espirituales pueden intervenir en nuestras vidas para corregir desequilibrios. Cuando se violan principios espirituales, las consecuencias no son solo materiales, sino también espirituales, y la corrección puede manifestarse de formas inesperadas.

Las plagas que afectaron al faraón y a su casa nos recuerdan que la justicia divina siempre busca restaurar el equilibrio y proteger lo sagrado. También debemos reflexionar sobre cómo nuestras acciones, incluso aquellas que parecen pequeñas o insignificantes, tienen repercusiones más amplias en el mundo espiritual.

El faraón no sabía que Sarai era la esposa de Abram, pero sus acciones aún tuvieron consecuencias porque violaron un principio divino. Esto nos enseña que siempre debemos actuar con responsabilidad y respeto hacia los demás, sabiendo que nuestras acciones están conectadas a una red más amplia de causas y efectos. Además, en los momentos de dificultad, la protección divina siempre está presente.

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