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Mi Parashà – Génesis 13:4

En términos kabalísticos, el altar (מִזְבֵּחַ – Mizbeaj) no es solo un lugar físico: es una estructura interior, una disposición del corazón y la conciencia donde se eleva la voluntad humana hacia lo divino. Construir un altar hoy es una práctica espiritual activa, hecha de intención, corrección interior (tikún), y conexión.

Vamos a verlo desde las tres perspectivas que mencionas:

El Altar como Transformación del Deseo

En la Kabalá, el altar representa el corazón del ser humano.

El fuego del altar simboliza el fuego del deseo: ¿Para qué deseas? ¿Hacia dónde arde tu voluntad?

Construir el altar hoy es transformar tu deseo egoísta (recebir para uno mismo) en deseo altruista (recibir para compartir). Esto es lo que en Kabalá se llama “transformar el Kli” (el recipiente).

¿Cómo construir ese altar hoy?

Teshuvá (retorno): rectificar tus pensamientos, emociones, acciones.

Tefilá (oración): oración auténtica, como diálogo con lo divino dentro de ti.

Tzedaká (dar): acto concreto de dar sin esperar recibir.

🕯 Tu intención constante se convierte en altar.

El Código del Altar y sus Claves

La palabra Mizbeaj (מִזְבֵּחַ) tiene un valor de 57:

מ (40) + ז (7) + ב (2) + ח (8) = 57

Este valor se relaciona con:

זַךְ (Zaj) = puro, limpio → la pureza interior necesaria para el altar.

También se puede vincular con “Nogá” (נֹגַה), la luz que brilla con mezcla → la lucha entre lo puro y lo impuro.

También hay una enseñanza: el altar tiene cuatro letras que aluden a los cuatro mundos (Atzilut, Beriá, Yetzirá, Asiyá), y elevar la ofrenda (korbán) es unir esos mundos.

Cada acto que haces con conciencia puede ser una ofrenda en ese altar.
El número 57 puede inspirarte a ver cada día como una nueva oportunidad de rectificación.

El Zóhar enseña que el verdadero altar es el corazón contrito, y que la Shejiná (la presencia divina) reposa sobre un corazón quebrado y humilde.

En Zóhar II, 162b, se dice:

“Cuando el hombre derrama lágrimas por amor al Creador, esas lágrimas son como agua sobre el altar, y el cielo se conmueve.”

¿Cómo saber si estás caminando hacia Él?

Si tu corazón se va limpiando del ego.

Si hay fuego interior, pero no de juicio, sino de amor.

Si tus acciones cotidianas se vuelven conscientes, delicadas, justas.

Si en lugar de buscar mérito, buscas verdad.

“Caminar hacia Él” es como subir por la escalera de Yaakov: paso a paso, desde la tierra (Asiyá) hacia la conciencia divina (Atzilut). No es un salto, sino una fidelidad diaria al silencio interior, al amor, y al propósito.

CONSTRUYENDO TU ALTAR HOY – GUÍA PRÁCTICA:

DimensiónAcciónSentido
Cuerpo (Asiyá)Actos de compasión, cuidar tu espacioLo físico también es altar
Emoción (Yetzirá)Meditación, gratitud, perdónEl corazón purificado
Intelecto (Beriá)Estudio de textos sagrados con intenciónElevar la mente
Espíritu (Atzilut)Silencio, entrega, contemplaciónVolverse canal del Uno

REFLEXIÓN FINAL:

“Todo lugar donde Yo haga morar Mi nombre, vendré a ti y te bendeciré” (Éxodo 20:24)

Este versículo se interpreta en el Zóhar como:

“Cualquier lugar en ti donde haya humildad, intención pura y amor… allí es Mi altar.”

Abram regresa al lugar donde previamente había construido un altar y nuevamente invoca el nombre del Creador. Este acto simboliza no solo la devoción de Abram, sino también su esfuerzo por reconectar con lo divino y reafirmar su propósito espiritual. Recordemos que la construcción de aquel altar es un acto significativo que implica la creación de un espacio sagrado donde la conexión con el Creador se fortalece.

Es por ello que la expresión “lugar,” מְקוֹם (Mekom), con un valor gemátrico de 186 (מ = 40, ק = 100, ו = 6, ם = 40), nos habla de ese espacio en donde percibimos la presencia divina, ya que el número 186 está relacionado con la palabra makom, que en algunos textos cabalísticos también se utiliza para referirse al mismo Creador. De este modo, el lugar del altar es un punto de encuentro entre lo humano y lo divino.

La expresión “altar,” מִזְבֵּחַ (Mizbe’ach), con un valor gemátrico de 57 (מ = 40, ז = 7, ב = 2, ח = 8), nos habla de ese espacio donde se llevan a cabo sacrificios o actos de entrega, donde logramos purificación y transformación. Esto sugiere que el altar de Abram es un lugar donde se producen cambios espirituales profundos, tanto en él como en su entorno.

El concepto de “al principio,” בָּרִאשֹׁנָה (Barishonah), con un valor gemátrico de 553 (ב = 2, ר = 200, א = 1, ש = 300, נ = 50), hace referencia a los comienzos, lo que sugiere que este es un lugar de regreso a la raíz de la conexión espiritual de Abram. Nos recuerda la importancia de volver al origen, a la fuente de sabiduría y espiritualidad para realinearse con el propósito divino.

La expresión “invocó,” וַיִּקְרָא (Vayikra), con un valor gemátrico de 311 (ו = 6, י = 10, ק = 100, ר = 200, א = 1), reitera el acto de comunión profunda con lo divino, sugiriendo rectificación y revelación. Esto indica que invocar el nombre del Creador es una acción poderosa que alinea a Abram con el plan divino. Shem YHVH (שֵׁם יְהוָה), con un valor gemátrico de 376 (ש = 300, ם = 40, י = 10, ה = 5, ו = 6, ה = 5), representa la manifestación de la divinidad en el mundo.

Invocar su nombre significa llamar su presencia activa en la vida de Abram y en la creación, ya que el número 376 está asociado con la paz y la armonía. Esto sugiere que la invocación de Abram busca restaurar el equilibrio y la conexión con lo divino. Al igual que Abram, todos necesitamos espacios donde podamos detenernos, reflexionar y volver a nuestra fuente espiritual.

La construcción de un altar simboliza el acto de crear un espacio para la transformación y la purificación. En nuestras vidas, estos altares pueden ser momentos de oración, meditación o reflexión profunda, donde nos entregamos a lo divino y buscamos la paz interior para invocar el nombre del Creador y su poderosa acción espiritual, que tiene el potencial de traer paz, armonía y equilibrio a nuestras vidas.

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