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Mi Parashà – Gènesis 14:19

Melquisedec bendice a Abram, invocando el nombre de El Elyon (Dios Altísimo), el creador de los cielos y la tierra. La bendición (בָּר֣וּךְ, baruch), con un valor de 228, es clave en la espiritualidad, ya que implica canalizar energía divina desde las esferas superiores hacia el mundo material. Melquisedec, como sacerdote, actúa como un canal de esta energía divina, otorgando a Abram una bendición que lo conecta con las fuerzas más elevadas del universo.

Es por ello que la expresión “Dios Altísimo”, El Elyon (אֵ֖ל עֶלְי֥וֹן), enfatiza la supremacía del Creador como sustentador de todo. No debemos perder de vista que este nombre se asocia con la esfera de Keter, la corona en el Árbol de la Vida, que representa el nivel más elevado de divinidad. La bendición de Melquisedec conecta a Abram con esta fuente de energía divina en su aspecto más elevado y trascendente.

La referencia al cielo y la tierra (שָׁמַ֥יִם וָאָֽרֶץ, shamayim va’aretz), con שָׁמַ֥יִם (shamayim) que significa “cielos” y tiene un valor de 390, y אָֽרֶץ (aretz) que significa “tierra” y tiene un valor de 291, subraya el dominio divino sobre ambos planos de existencia. El cielo representa las dimensiones espirituales y superiores, mientras que la tierra simboliza lo material. Al bendecir a Abram en nombre de El Elyon, Melquisedec está reconociendo su papel como alguien capaz de equilibrar ambos aspectos de la creación, actuando como mediador entre lo divino y lo terrenal.

El valor numérico de baruch (228) resuena con el concepto de canalizar bendiciones y energía desde las esferas superiores hacia el mundo material. La diferencia en el valor numérico de shamayim (390) y aretz (291) puede simbolizar la distinción entre lo espiritual y lo material, pero también su interconexión a través de la bendición de Abram, quien actúa como puente entre estos dos mundos.

Este versículo refleja un momento crucial en la vida de Abram, donde recibe una bendición que lo conecta con las fuerzas divinas más elevadas. No es solo una bendición personal, sino una confirmación del papel de Abram como intermediario entre lo divino y lo terrenal. La mención de El Elyon, el Dios Altísimo, y de los cielos y la tierra sugiere que Abram tiene la capacidad de actuar en ambos planos, conectando lo espiritual con lo material.

En nuestras vidas, este versículo nos invita a reflexionar sobre cómo podemos ser canales de bendición para otros y cómo podemos equilibrar nuestras propias vidas entre lo material y lo espiritual. Al recibir bendiciones y canalizarlas hacia el mundo, podemos contribuir a la armonía y el equilibrio en la creación.

Manteniendo nuestra mirada en nuestro rey, redentor y Salvador Jesucristo debemos intentar percibir en todo, esa relación profunda entre el pan y el vino que ofrece Melquisedec y la Última Cena, manteniendo incluso esa una perspectiva teológica cristiana y mística, conexión que es más que simbólica, tipológica y espiritual, ya que tiene implicaciones tanto en el judaísmo místico como en el cristianismo.

Pan y vino: No se menciona sacrificio de animales, lo cual es significativo. Esta ofrenda no sangrienta es muy inusual en el contexto de la Torá.

Sacerdocio no levítico: Melquisedec actúa como sacerdote antes de la Ley mosaica, lo que lo conecta con un sacerdocio eterno y espiritual.

Es un acto de bendición hacia Abraham, lo que lo sitúa en una posición de superioridad espiritual.

Lucas 22:19-20 “Y tomó el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: ‘Este es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria de mí’. Y de igual manera tomó la copa, diciendo: ‘Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre’…”

Nuestro salvador Jesucristo instituye la Eucaristía con pan y vino, los transforma en signos sacramentales de su cuerpo y sangre.

Se convierte en el nuevo sacrificio, sin necesidad de animales, cumpliendo y superando la tradición sacerdotal del Antiguo Testamento.

Tipología (figura y cumplimiento)

En la teología cristiana, Melquisedec es una figura (“tipo”) de Cristo.

La ofrenda de pan y vino por Melquisedec es una prefiguración de la Última Cena.

Hebreos 5–7 presenta a Jesús como sacerdote “según el orden de Melquisedec”, no de Leví.

Sacerdocio eterno y universal

Ambos actos (Melquisedec y Jesús) representan un sacerdocio no limitado a una tribu o templo.

Sacrificio sin sangre = más espiritual, universal, eterno.

Salem / Jerusalén

Melquisedec es rey de Salem, identificado con Jerusalén.

La Última Cena sucede en Jerusalén, cerrando un arco teológico de miles de años.

Pan: Representa la energía de Jesed (bondad), el sustento, la materia espiritualizada.

En mística judía, el pan es canal de abundancia divina.

Vino: Representa Gevurá (fuerza, juicio), y también alegría espiritual.

El vino revela lo oculto (el vino = יין = 70 en guematría, igual que sod, “secreto”).

Pan y vino juntos: Representan la integración de las fuerzas de misericordia y juicio, o sea, la armonía de las sefirot.

En la Eucaristía cristiana, esto se cumple misticamente: Cristo une en sí la justicia y la misericordia, la divinidad y la humanidad.

En muchas corrientes místicas, tanto judías como cristianas:

Melquisedec = figura mesiánica, eterna, espiritual.

Jesucristo se manifiesta como el cumplimiento de ese arquetipo: sacerdote eterno, rey de justicia, rey de paz, que ofrece un pan y vino divinizados.

Los primeros teólogos cristianos (como San Agustín, Ireneo, Orígenes):

Veían en Melquisedec un prototipo de Cristo.

La ofrenda de pan y vino era entendida como una “sombra” de la Eucaristía, que Cristo haría realidad en la Última Cena.

UNA UNIDAD MÍSTICA ENTRE AMBOS ACTOS

AspectoMelquisedec (Génesis 14)Jesús (Última Cena)
LugarSalem (Jerusalén)Jerusalén
FunciónSacerdote del Dios AltísimoSumo Sacerdote eterno
OfrendaPan y vinoPan y vino (convertidos en cuerpo y sangre)
SimbolismoArquetipo espiritual, sacerdocio eternoCumplimiento del sacerdocio eterno
RelaciónFigura mesiánica simbólicaMesías encarnado

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