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Mi Parashà – Gènesis 17:23

Este versículo describe la obediencia inmediata de Abraham a la orden divina. La circuncisión (מִלָה – milah) que realiza Abraham no es solo un acto físico, sino también un acto profundamente espiritual que simboliza la entrada de Abraham y su casa en el pacto con el Creador. En la Cábala, la circuncisión tiene un significado especial, ya que representa la elevación del cuerpo físico hacia lo divino. Es un símbolo de la transformación espiritual que ocurre cuando lo material se consagra a Dios.

La expresión “en aquel mismo día” (בְּעֶצֶם הַיּוֹם הַזֶּה – be’etzem hayom hazeh) subraya la inmediatez con la que Abraham cumplió el mandato divino, sin demora. Esto simboliza la importancia de actuar de inmediato cuando se recibe un mandamiento espiritual. En la Cábala, la acción proactiva se considera una manera de conectar con la energía divina y de manifestar las bendiciones en el mundo físico.

Además, el hecho de que Abraham circuncidara no solo a su hijo, sino también a todos los varones de su casa, incluidos los nacidos en su casa y los comprados con su dinero, nos recuerda la responsabilidad colectiva que tiene un líder espiritual sobre su comunidad. En la Cábala, este tipo de acto tiene un impacto energético que no solo afecta a la persona que lo realiza, sino también a todos aquellos que lo rodean, transformando toda la estructura espiritual del entorno.

La expresión “en el mismo día” (בְּעֶצֶם הַיּוֹם הַזֶּה – be’etzem hayom hazeh) tiene un valor total en gematría de 275, que se puede descomponer como 2 + 7 + 5 = 14, y a su vez 1 + 4 = 5. El número 5 está relacionado en la Cábala con la sefirá de Guevurá (juicio o restricción), lo que refuerza el significado de la circuncisión como un acto de disciplina espiritual y corrección.

La gematría del verbo “circuncidó” (וַיָּמָל – vayamal) se asocia con el aspecto de juicio y corrección divina, simbolizado por el nombre Elohim. Esto sugiere que el acto de la circuncisión es una purificación que permite a Abraham y a su familia alinearse con el pacto espiritual establecido por el Creador. Este pacto no es solo para Abraham, sino para toda su descendencia y comunidad.

En nuestras propias vidas, este versículo nos invita a reflexionar sobre cómo podemos actuar de inmediato en nuestras responsabilidades espirituales. Así como Abraham no esperó para cumplir con el mandato del Creador, también nosotros debemos aprovechar las oportunidades que se nos presentan para conectar con lo divino y realizar actos de transformación que nos acerquen a nuestra propia rectificación espiritual.

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