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Mi Parashà – Gènesis 17:25

Este versículo marca la circuncisión de Ismael a los trece años, un acontecimiento significativo tanto en la vida de Ismael como en la de Abraham. La edad de trece años es simbólica en la tradición judía, ya que es la edad en la que un niño varón alcanza la madurez espiritual y se convierte en responsable de cumplir los mandamientos (Mitzvot).

La expresión שְׁלוֹשׁ עֶשְׂרֵה (shlosh esre – “trece”) se descompone en: שׁ (Shin) = 300, ל (Lamed) = 30, ע (Ayin) = 70, שׂ (Sin) = 300, ר (Resh) = 200, ה (Hei) = 5. El valor gemátrico total es 1205, que se puede reducir a 1 + 2 + 0 + 5 = 8. El número 8 está relacionado con lo sobrenatural y con lo que está más allá del ciclo natural de siete. Esto sugiere que la circuncisión de Ismael a los trece años es un acto que lo conecta con lo trascendente, aunque su destino espiritual sigue un camino diferente al de Isaac.

Aunque el concepto de Bar Mitzvá no se estableció formalmente hasta mucho tiempo después, el hecho de que Ismael se someta a la circuncisión a los trece años indica que está asumiendo una nueva responsabilidad espiritual. Aunque su linaje no será el portador del pacto principal (que se establece a través de Isaac), Ismael también está bendecido y tiene un rol importante en la historia espiritual.

El número 13, que está asociado con la palabra אחד (ejad – “uno”), nos recuerda la unidad del Creador. Aunque Ismael sigue un camino diferente al de Isaac, sigue siendo parte del plan divino y tiene un papel que cumplir en la historia. En la Cábala, cada alma tiene su propio propósito, y la vida de Ismael es un reflejo de esta idea. La gematría de su nombre y de la frase “trece años” resuena con la idea de que, a través de la circuncisión, Ismael también se conecta con las emanaciones divinas y su propio rol espiritual.

En nuestras propias vidas, este versículo nos invita a reflexionar sobre la importancia de asumir responsabilidades espirituales y conectarnos con el propósito divino en momentos clave de nuestra madurez. Así como Ismael se sometió a la circuncisión a los trece años, un momento significativo en su vida, nosotros también debemos buscar aquellos momentos en los que podemos asumir nuestras responsabilidades espirituales y comprometernos con el crecimiento y la conexión divina.

Vale la pena no olvidar que el pacto tiene que ver con nuestra redención, debido a nuestro descenso el cual implica un proceso de Rectificación (Tikkun).

La Cábala, enseña que al principio, el Creador (Ein Sof) se contrajo (Tzimtzum) para hacer “espacio” para la creación. Este acto creó un vacío que el hombre debe llenar al manifestar la luz de Dios en el mundo material, que es inherentemente un mundo de limitación y dualidad.

Mayordomía Inicial: El concepto original de “hijos del Creador y mayordomos” (como en Génesis 1:28, “sojuzgadla”) representa el alma en su estado prístino, antes del Tzimtzum y el descenso. Es una relación directa con la Luz Infinita, donde la posesión no tiene sentido, solo la conexión.

La Búsqueda de Posesión: La caída o descenso del alma a un cuerpo físico (el mundo de Assiá) nos hace experimentar una separación. Esta separación genera la necesidad de identificación y control en el plano físico. Al buscar la “propiedad” de la tierra, el hombre está, en un nivel inconsciente, intentando anclar la Luz Infinita en un punto finito, reclamando una parte del Tzimtzum. Es el impulso del alma de transformar la materia (la tierra) en un recipiente para la divinidad, un acto de Tikkun.

El Zóhar explica que la materialidad y la separación están envueltas en Klipot (cáscaras) que ocultan la chispa divina en su interior.

La Distorsión: Cuando la intención de rectificar la tierra se desvía, se cae en el egoísmo de la Klipá. La mayordomía se convierte en propiedad egoísta cuando el hombre se olvida de que la chispa dentro de la tierra es de Dios, y solo ve la cáscara de la posesión personal. Es decir, buscamos la propiedad como un fin en sí mismo (ego), en lugar de verla como un medio para el servicio (mayordomía).

El “ajuste” de versículos bíblicos para reclamar posesión refleja esta distorsión: se toma una promesa espiritual de herencia (como una misión o una conexión divina) y se la reduce a una promesa material (un trozo de tierra), invirtiendo el orden de las prioridades del alma.

Gematría: Tierra (אֶרֶץ, Eretz)

La Gematría, el sistema que asigna valores numéricos a las letras hebreas, puede ilustrar la tensión:

La palabra para Tierra (אֶרֶץ, Eretz) tiene un valor numérico de 291 ($\aleph (1) + \text{ר} (200) + \text{צ} (90) = 291$).

Una palabra relacionada es Sirve/Trabaja (עָבַד, Avad), que es la raíz de la palabra siervo/esclavo (Eved), que a menudo se relaciona con la mayordomía de la tierra.

Esta conexión numérica subraya que la tierra no está destinada a ser solo un objeto de posesión, sino un campo de acción (Avodá, servicio) donde la mayordomía se ejerce a través del trabajo de rectificación (Tikkun).

Analogías Bíblicas: Egipto vs. Canaán

La narrativa del Éxodo es la analogía bíblica fundamental para tu pregunta:

Egipto (Mitzrayim): Simboliza el estado de limitación (Meitzarim, estrechez) y posesión absoluta. Faraón (el ego) se cree el propietario de todo, incluyendo las vidas de los Hijos de Israel. La mayordomía está completamente olvidada.

La Travesía por el Desierto: Es el proceso de purificación, de desprenderse de la mentalidad de esclavo/propietario.

La Tierra Prometida (Canaán): Se presenta no como una posesión incondicional, sino como una herencia condicional (Levítico 25:23: “La tierra es mía, porque vosotros forasteros y moradores sois para conmigo”). Esta es la clave: el pueblo entra a la tierra, no como propietarios absolutos, sino como mayordomos que deben seguir las leyes divinas (Mitzvot) para mantener el contrato. Cuando el pueblo se olvida y actúa como propietario absoluto (egoísta y corrupto), la tierra los “vomita” (como advierte el Pentateuco).

Para el crecimiento integral (espiritual, mental y físico) en el presente, la comprensión cabalística nos invita a lo siguiente:

Reclamar la Posesión Interna: En lugar de enfocarse en la posesión de la tierra física, debemos enfocarnos en la posesión y mayordomía de nuestro propio ser: nuestra mente, nuestro corazón y nuestras acciones.

Transformar el Ego: La lucha por la propiedad física (o el estatus, el poder) es la manifestación externa de la lucha por el control que ejerce el ego. El verdadero Tikkun es utilizar la física (nuestro trabajo, nuestra “tierra”) como una plataforma para el despliegue de la espiritualidad (la luz de la mayordomía).

Intención (Kavanah): Siempre que reclamemos, trabajemos o usemos algo en el mundo material, nuestra Kavanah (intención) debe ser: No soy el dueño de esto, pero estoy usando este recurso de Dios para manifestar más Luz, Amor y Justicia en el mundo.

En resumen, la desviación hacia la propiedad es una trampa de la limitación del mundo de Assiá (Acción), pero también es una oportunidad para elevar esa materia. El camino del crecimiento es recordar que la herencia más importante es nuestra identidad como hijos del Creador, lo que nos obliga a ser mayordomos responsables de todo lo que tocamos, no propietarios que controlan.

De allí que el verdadero pacto como lo hemos venido mencionando luego que el Creador realizó un Tzimtzum (Contracción) para crear el mundo es entender su llamado a imitar este acto, lo que significa revisar muy bien ese Deseo de Recibir sin Restricción, por ende la parte incircuncisa (el prepucio) simboliza el exceso o el deseo de recibir solo para sí mismo (Klipá o cáscara del placer egoísta). En el sistema de Sefirot, se relaciona con la energía sin filtrar que viene de lo alto.

El Acto de la Circuncisión: Es el acto físico de cortar y restringir (la Milá o corte) este exceso. Se convierte en la señal del pacto porque demuestra la disposición del hombre a autolimitar su impulso más básico (el deseo físico sin santidad) para poder recibir la Luz del Creador de forma apropiada.

Rectificación (Tikkun): Es la transformación de un órgano asociado con la creación física y el placer instintivo, en un lugar de santidad y conexión divina. Es un acto de perfeccionar la Obra del Creador (Génesis 17:11-14: “Circuncidarán la carne de su prepucio, y esa será la señal del pacto entre nosotros”).

El Zóhar: La Conexión con Biná y el Octavo Día

El Octavo Día (Yom Sheminí)

La circuncisión se realiza al octavo día del nacimiento, lo cual es crucial en el Zóhar.

Siete Días (El Mundo de la Naturaleza): Los primeros siete días de vida (y los siete días de la Creación) corresponden a las siete Sefirot inferiores (desde Jésed a Maljut), el reino de la naturaleza, lo físico y lo limitado (tiempo y espacio).

El Octavo Día (Trascendencia): El octavo día (Sheminí) está fuera y por encima de la naturaleza. Simboliza la Sefirá de Biná (Entendimiento o Trascendencia) y la esfera de la Divinidad Milagrosa. Al realizar el pacto en el octavo día, se sella al niño con una identidad que trasciende el mundo físico y natural.

Propiedad vs. Mayordomía: Esto refuerza la idea de la mayordomía. El cuerpo, al ser sellado con una marca que apunta a la trascendencia (el 8), le recuerda al ser humano que, aunque habita el plano físico, su esencia y propósito no están gobernados por las leyes de la naturaleza o del instinto puro, sino por un pacto espiritual.

La Gematría: El Nombre y la Integridad

Brit (Pacto) y el Número 412

La palabra Pacto (בְּרִית, Brit) tiene un valor de $2+200+10+400 = 612$.

El número total de mandamientos (Mitzvot) es 613. La Cábala enseña que la circuncisión (Brit Milá) es la puerta de entrada a la conexión con los 613 Mandamientos y es vista como el mandamiento fundacional que abarca la totalidad de la vida judía. La falta de este pacto se relaciona con ser “cortado de su pueblo” (Génesis 17:14), es decir, ser cortado de la integridad (613) de la Ley.

Analogías Bíblicas: Del Cuerpo al Corazón

La Biblia misma establece la analogía fundamental entre la circuncisión física y la espiritual, que es la clave para tu crecimiento integral:

Circuncisión de la Carne (Externa): Es la señal visible, el contrato físico (Génesis 17).

Circuncisión del Corazón (Interna): Es la meta espiritual (Deuteronomio 10:16; 30:6 y Romanos 2:29).

Deuteronomio 10:16: “Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.”

El Vínculo con la Mayordomía: Si la circuncisión de la carne es la restricción del ego en el placer, la circuncisión del corazón es la restricción del ego en la voluntad y el intelecto (la “cerviz dura”).

La persona que busca poseer la tierra (egoísmo externo) tiene un corazón incircunciso (egoísmo interno), donde el deseo de control y el juicio inflexible (la “cerviz dura”) no han sido cortados.

La persona que ejerce la mayordomía (servicio externo) tiene un corazón circunciso, dispuesto a someter su voluntad y su intelecto a la voluntad divina.

El pacto de la circuncisión, por lo tanto, es la plantilla para todo Tikkun (rectificación). Nos enseña que la verdadera herencia (la posesión espiritual) se logra solo a través de la entrega y la restricción del impulso egoísta en el punto de mayor potencial de crecimiento o caída, tanto a nivel físico (el cuerpo) como a nivel interno (el corazón).

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