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Mi Parashá – Génesis 19:13

Este versículo anuncia el juicio sobre Sodoma, indicando que el clamor de sus injusticias y corrupción ha llegado ante el Creador. Los ángeles, enviados por el Señor, comunican a Lot la inminente destrucción, un acto de purificación y justicia divina. Desde la perspectiva cabalística, la destrucción no solo es un castigo, sino un acto necesario para eliminar la negatividad y restablecer el equilibrio.

Según la Cábala, los ángeles tienen un propósito dual: protegernos y guiarnos hacia la realización de nuestro propósito espiritual. Cuando enfrentamos decisiones importantes o estamos en situaciones de peligro, los ángeles intervienen para orientarnos hacia el camino correcto, pero esto solo ocurre si estamos en sintonía con nuestro ser interior y con lo divino.

En los textos cabalísticos, se menciona que a menudo no reconocemos a los ángeles porque no buscan reconocimiento. Su misión es actuar con humildad y discreción, permitiendo que las personas tomen decisiones por su propia voluntad. Solo cuando elevamos nuestra conciencia y abrimos nuestro corazón a lo divino, podemos empezar a percibir su influencia y presencia en nuestras vidas.

La Cábala y la Gematría nos enseñan que, aunque los ángeles están siempre presentes, solo podemos percibirlos cuando trascendemos nuestra percepción material y nos conectamos con la dimensión espiritual. A través de la meditación, el estudio de los textos sagrados y la introspección, podemos afinar nuestra conciencia para reconocer y trabajar en conjunto con estas fuerzas espirituales.

Este conocimiento nos invita a reflexionar sobre cómo crear un espacio interior más receptivo, protegiendo nuestro ser espiritual y estableciendo límites para evitar la influencia de fuerzas negativas que nos alejan de nuestra misión y propósito divino.

En este contexto, su presencia se trata de una purificación que permite que la luz divina vuelva a brillar sin obstáculos. La palabra “mashchitim” (מַשְׁחִיתִים) significa “destruir” o “corromper”, pero también puede relacionarse con la idea de cortar lo que es corrupto para que lo que es puro pueda florecer. En términos de gematría, la palabra צַעֲקָתָם (tza’akatam), que se traduce como “su clamor”, tiene un valor de 661, lo que representa un llamado urgente, el último recurso antes de que se haga justicia. Este número nos recuerda la necesidad de corregir nuestras acciones antes de que las consecuencias negativas se manifiesten.

Este versículo nos invita a reflexionar sobre el poder de la justicia divina y la importancia de escuchar las advertencias antes de que sea demasiado tarde. En nuestras vidas, debemos estar atentos a las señales que nos indican cuando algo en nuestro entorno o en nuestro interior está corrompido. Solo así podremos emprender el camino de la corrección y evitar que las consecuencias negativas de nuestras acciones nos alcancen.

No perdamos de vista que en la teología judeocristiana, la misericordia infinita de Dios no significa que Él ignore el mal, sino que ofrece tiempo y oportunidades para el arrepentimiento. Por ello la Biblia menciona que el “clamor” contra Sodoma era insoportable. Esto sugiere un sistema social basado en la opresión, la violencia y la falta de empatía hacia el desvalido.

Tampoco obviemos que versículos atrás vemos a Abraham “regateando” con Dios e incluso que el Creador accede a no destruir la ciudad si encuentra tan solo diez personas justas. El hecho de que la destrucción procediera indica que la corrupción moral era absoluta y sistémica.

A veces, la misericordia hacia las víctimas requiere justicia contra los opresores. Si una sociedad se vuelve puramente predadora, permitir que continúe indefinidamente causaría un sufrimiento infinito a los inocentes que nazcan en ella.

Lot no era perfecto, pero mantenía una brújula moral básica (como la hospitalidad) que el resto de la ciudad había perdido.

Desde un punto de vista providencial, se cree que Dios interviene cuando el mal amenaza con corromper toda la semilla de la humanidad, preservando un remanente (en este caso, la familia de Lot).

La misericordia es una invitación, no una imposición. Si los habitantes de Sodoma decidieron rechazar sistemáticamente cualquier forma de bondad o ley divina, Dios finalmente respeta esa decisión de vivir apartados de Su orden, lo cual lleva a la autodestrucción.

Incluso en el momento del juicio, hubo una “vía de escape”. Los ángeles sacaron a Lot prácticamente de la mano porque él mismo dudaba. La advertencia fue dada; la destrucción solo alcanzó a quienes decidieron quedarse o mirar atrás con anhelo hacia esa vida.

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