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Mi Parashà – Génesis 19:30

Desde la perspectiva de la Cábala y la gematría, podemos interpretar este versículo como una referencia simbólica al ascenso de Lot desde un lugar bajo, representado por Tzoar, hacia la montaña, que simboliza un plano más elevado o espiritual. La “cueva” en la que se refugia puede interpretarse como una búsqueda de introspección o un refugio interior, en un espacio de recogimiento y protección espiritual.

Si analizamos este versículo con la gematría, podemos considerar los valores numéricos de las palabras clave, como “הר” (har, montaña), que tiene un valor gemátrico de 205. Según las interpretaciones cabalísticas, este número podría relacionarse con procesos de transformación o transición hacia un nivel superior de conciencia.

Esta reflexión nos invita a pensar en los momentos en que, por temor o incertidumbre, buscamos refugio en nuestro interior (simbolizado por la cueva). Aunque aparentemente se trate de una retirada del mundo exterior, en realidad es una oportunidad para redescubrir nuestro ser, fortalecernos y prepararnos para el siguiente paso en nuestro camino espiritual.

En este versículo, Lot, tras la destrucción de Sodoma y Gomorra, se refugia en las montañas junto a sus dos hijas. A pesar de que Tzoar fue salvada por petición de Lot (Génesis 19:21), él siente temor de quedarse allí, lo que lo impulsa a huir hacia una cueva.

La palabra “מְעָרָה” (me’ará, cueva) en hebreo conlleva una connotación de oscuridad y confinamiento. En el misticismo judío, la cueva es símbolo de introspección y de lo oculto. La decisión de Lot de vivir en una cueva refleja un retroceso espiritual y físico, ya que opta por aislarse tanto de la sociedad como de cualquier conexión con el mundo exterior. Esta “oscuridad” simbólica puede interpretarse como el miedo de Lot y su desconexión de la luz espiritual.

El miedo de Lot (יָרֵא, yarei) también es un elemento crucial. En gematría, la palabra para “temor” (ירא) tiene un valor numérico de 211. Este número se conecta con la raíz del verbo “ver” (ראה, ra’ah) en hebreo, lo que sugiere que su miedo puede estar relacionado con la incapacidad de ver con claridad el futuro o las consecuencias de sus actos.

Las dos hijas (שְׁתֵּי בְנֹתָיו, shtei benotav), que juegan un papel crucial en los próximos versículos, traen consigo un legado que se extenderá en la historia de Israel, ya que serán las madres de los pueblos de Moab y Amón. En el análisis cabalístico, el concepto de “hijas” se asocia con el aspecto femenino de la manifestación divina y la creación. Sin embargo, en este contexto, su rol está distorsionado debido a los acontecimientos que seguirán.

Este versículo no solo narra un hecho histórico, sino que en el plano espiritual nos invita a reflexionar sobre cómo el miedo y la huida de la responsabilidad pueden llevarnos a vivir en la oscuridad, tanto física como emocionalmente. Desde la Cábala, esta elección de Lot nos enseña cómo la desconexión de la luz divina y la falta de confianza en el plan del Creador nos conduce a lugares de aislamiento y desesperación.

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