
Mi Kabbala – Shevat 23, 5786 – Martes 10 de febrero del 2026.
¿Casados?
El Texto de Textos nos revela en Proverbios 18:12, “quien halla esposa halla la felicidad: muestras de su favor le ha dado el Señor”.
Conceptos como el de matrimonio, esposos o estar casados, nacen de visionar una casa, un hogar, una familia; interacciones que nos hablan de coordinar nuestra libertad, es por ello que nuestro patrimonio (בַּ֫עַל, baal) no implica ser dueños de algo sino mayordomos de nuestros valores en pro que esa perspectiva conyugal nos recuerde que trascendemos al lograr esa unión de voluntades con las del Creador logrando así que más almas lleguen a dar luz al mundo contraído, modelo de vida que nos permite como grupo el reintegrarnos a todos al Creador a través de Su obra.
Algunas traducciones e interpretaciones nos llevan a otra palabra hebrea para matrimonio: KiDuSHin, que surge de la expresión; KoDeSH (קדוש – santo), como otra forma de indicarnos que toda unión especialmente la de hombre y mujer nos santifica, separa unión, que nos permite disfrutar de la Divina Presencia del Creador, como Socio en cada relación, lo que hace que en dicho pacto resida sobre todo el crecimiento de nuestros hogares, gracias a que tenemos como familia un fundamento: Su palabra, la cual gracias a la guía del Espíritu Santo nos reorienta en nuestros errados caminos.
Él es nuestro aliado, Pacto (בְּרִית, berít) que como analogía nos llama a contraer nupcias con una pareja para lograr a través de esa familia, que nosotros, como nuestros hijos, gracias a nuestro sabio ejemplo, retornemos a nuestra morada celestial eterna, a nuestra tierra prometida, de la cual nos separamos fruto de nuestra desobediencia, razón de peso para replantear todas esas concepciones y percepciones mercantiles al respecto de lo que debe ser la unión marital, las cuales nos han llevado a que se deterioren dichas relaciones de pareja y que en muy corto plazo se pase del amor, con tintes pasionales, a todo tipo de resentimientos, los mismos que han hecho del divorcio casi que el fin normal de esa unión.
Integrarnos como pareja se constituye por ende, en ese primer gran paso para reintegrarnos al Creador a través de la conformación de esa familia, siendo necesario luego, con la llegada de unos hijos (ben, בֵּן) permitir que esa nuevas almas, como nosotros, se vinculen con esos otros seres, para que dicha luminidad fraternal y servicial, nos proyecte una nueva visión de santidad, la cual implica entre muchas cosas, que lo humano pasional pase a un segundo plano, ya que estamos comprometidos con lograr que ese hogar que recibió el don de la procreación se sume a los planes del Creador.
Como Raquel (רחל, oveja) estamos llamados a ser la esposa de nuestro Señor Jesucristo para lo cual debemos consolidar un hogar y vivir dentro de los límites de esas interacciones armónicas en cumplimiento de ese Pacto con el Creador, en donde la pareja no solo contrae matrimonio desde la lógica civil, sino que lo hace de acuerdo con la ley de la Torá, por lo cual, se propone el mantener un comportamiento espiritual dentro de los límites de Sus mandatos y preceptos, esos que nos permiten coexistir conforme a ese Pacto de Abraham el cual simboliza la forma ideal de acercarnos a Él.
El Texto de Textos nos revela en Efesios 5:25, “maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.”
Oremos para que nuestras familias nos integren cada vez más al Creador.



