
Mi Parashá – Génesis 2:2
La expresión Bayom hashevii (בַּיּוֹם הַשְּׁבִיעִי): “En el séptimo día”, nos presenta el número siete como la completitud de un ciclo, siendo los siete días de la creación un recordatorio de los siete cielos y de las siete sefirot inferiores del Árbol de la Vida, así como del séptimo día, Shabat, como espacio de descanso y reflexión, un tiempo sagrado para nuestra conexión espiritual gracias a una permanente introspección.
Melachto (מְלַאכְתּוֹ): “La obra”, “melacha” (מְלָאכָה), nos llama a realizar un trabajo creativo, logrando que nuestros esfuerzos humanos se enfoquen en ese potencial que, en esencia, nos llama a elevarnos más allá de lo material, alineándonos con los propósitos superiores. Esto implica que vayishbot (וַיִּשְׁבֹּת): “Y reposó”, que parte de la raíz “shabat” (שָׁבַת), que significa “cesar” o “descansar”, se convierte en ese momento para restaurar nuestro equilibrio interior y armonizarnos con las energías divinas.
Mikol-melachto asher asa (מִכָּל־מְלַאכְתּוֹ אֲשֶׁר עָשָׂה): “De toda la obra que había hecho”, como expresión, nos da la idea de que todo lo creado fue completado y se hizo de forma perfecta, por lo que no necesita adiciones ni modificaciones. Esta perspectiva es reforzada por la gematría, con el término “mikol” (מִכָּל) con un valor de 100, para que entendamos que la plenitud y la perfección alcanzada en la obra de la creación es algo que debemos disfrutar, aunque a veces optemos por disgustarnos en ella.
El Shabat no es solo un día de descanso físico, sino también un tiempo de renovación espiritual para que nuestro microcosmos se articule con el macrocosmos eterno, elevándonos por encima de las preocupaciones materiales y conectándonos con lo divino.
El Séptimo Día: “Yom Shabbat” (Día Siete), Reposo, nos lleva a la sefirá Maljut (Reino), para que nuestro tiempo sagrado de reposo nos conduzca a integrarnos con la plenitud celestial. En este contexto, la realización y el reconocimiento de la obra divina nos denotan esa visión de retorno, unidad y paz que debe tomar nuestro entendimiento, para reproducir el orden, la armonía y los propósitos divinos en nuestras existencias, tomando decisiones que reflejen la voluntad divina en el mundo.



