
Mi Parashà – Gènesis 2:23
Al reconocer Adán a la mujer como su complemento, destacó dicha unidad y conexión entre ambos para poder compenetrarse con esa esencia compartida entre lo creado. Por lo tanto, la expresión וַיֹּאמֶר הָאָדָם (Va-yomer ha-adam) – “Y dijo Adán”, nos remite al acto creador de hablar, que declara esa nueva realidad estableciendo una identidad con la mujer y la profunda relación que debe establecerse entre ambos y sus futuras generaciones.
Es por ello que el término זֹאת הַפַּעַם (zot ha-pa’am) – “Esta es ahora”, que contiene la palabra פַּעַם (pa’am) – “vez” u “ocasión”, es contundente en ese reconocimiento de que se le había otorgado a Adán alguien que era verdaderamente parte de él, de su propia esencia, עֶצֶם מֵעֲצָמַי (etzem me’atzamai) – “hueso de mis huesos”. La expresión עֶצֶם (etzem – hueso) es vital para comprender que nuestra esencia no es el polvo, sino algo más fundamental, más fuerte, una estructura que parte de lo divino, dador de la vida.
Luego, al hacer referencia a “carne de mi carne” וּבָשָׂר מִבְּשָׂרִי (u-basar mi-besari), Adán entiende que ella además representa lo físico, lo tangible, su nueva realidad física, y por ello la llama mujer: יִקָּרֵא אִשָּׁה (yikare ishah). אִשָּׁה (ishah – mujer) es una expresión directamente relacionada con אִישׁ (ish – hombre), lo que subraya tanto esa conexión como la similitud fundamental entre hombre y mujer, pero sobre todo su complementariedad.
Finalizando la reflexión con la expresión כִּי מֵאִישׁ לֻקֳחָה־זֹּאת (ki me’ish lukkachah zot) – “porque del hombre fue tomada”, se destaca, más que la procedencia de la mujer, que esa extensión se da en pro de lograr la unidad completa generada por la fragmentación. Es por ello que la gematría de עֶצֶם (etzem – hueso) es 200 (ע=70, צ=90, ם=40), para indicarnos que la obra se completó y que ahora ya tenía estructura y fundamento para cumplir con los propósitos para los cuales fuimos creados.
Siendo la mujer אִשָּׁה (ishah – mujer), con un valor de 306, el reflejo de la capacidad de la mujer para ser un canal de vida, conectada profundamente con lo espiritual y lo físico, mientras que la expresión hombre אִישׁ (ish – hombre), con un valor de 311 (א=1, י=10, ש=300), enmarca la relación intrínseca y complementaria entre hombre y mujer.



