
Mi Parashà – Génesis 25:6
Este versículo menciona cómo Abraham, además de la herencia principal otorgada a Isaac, repartió regalos entre los hijos que tuvo con sus concubinas, a quienes luego envió al oriente para alejarlos de Isaac.
La palabra “pilagshim”, (פִּילַגְשִׁים) que se traduce como “concubinas”, tiene un valor gemátrico de 463. Este número en cábala puede relacionarse con dinámicas de separación y fragmentación, lo que refleja la decisión de Abraham de apartar a los hijos de sus concubinas del linaje principal, que recayó en Isaac.
El valor gemátrico de “mattanot”, (מַתָּנֹת) que significa “regalos”, es 499. Este número está relacionado con la idea de gracia y generosidad. Abraham, a pesar de no otorgarles la herencia principal, les dio regalos significativos como símbolo de provisión y benevolencia.
La palabra “qedem” (קֶֽדֶם) significa “este” o “antigüedad” y tiene un valor gemátrico de 144. El este, en cábala, es simbólicamente asociado con el origen de la luz y la sabiduría, lo que sugiere que Abraham no solo los envió físicamente al oriente, sino que también los apartó para que buscaran su propio destino y crecimiento espiritual, lejos de la línea directa de Isaac.
Este versículo nos invita a reflexionar sobre la manera en que Abraham manejó la continuidad de su legado. Isaac fue el destinatario de la herencia espiritual y material principal, pero Abraham no abandonó a los hijos que tuvo con sus concubinas. Al darles mattanot (regalos), Abraham mostró un equilibrio entre la responsabilidad con su hijo legítimo y su generosidad hacia los otros hijos, asegurándose de que tuvieran recursos y oportunidades.
El hecho de enviarlos hacia el este (Qedem) no solo fue una acción geográfica; desde la perspectiva cabalística, también puede interpretarse como un acto de apartarlos hacia una tierra de oportunidades espirituales y personales, una manera de permitirles crecer y desarrollar sus propios caminos sin interferir en el linaje de Isaac, que llevaba la promesa divina.
Este acto de separación y dotación de regalos nos enseña sobre el equilibrio entre justicia y misericordia (Guevurá y Jesed), ya que Abraham actuó con juicio al preservar el legado de Isaac, pero también con bondad al dotar a sus otros hijos de recursos para que tuvieran una vida digna y estable.
La lección espiritual que podemos extraer de este versículo se refiere a la importancia de manejar las relaciones familiares con sabiduría, equilibrando el deber y la bondad. Abraham no solo transmitió su herencia a Isaac, el heredero legítimo, sino que también brindó sustento y oportunidades a sus otros hijos, asegurando su bienestar y evitando futuros conflictos.
En la vida cotidiana, este versículo nos invita a reflexionar sobre cómo administramos nuestras relaciones y responsabilidades, buscando el balance entre la justicia y la generosidad, permitiendo a los demás encontrar sus propios caminos sin perder nuestra integridad.



