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Mi Parashá – Génesis 25:7

Este versículo marca el resumen de la vida de Abraham, destacando la duración total de sus años de vida: ciento setenta y cinco años. Recordemos que su nombre Abraham (אַבְרָהָ֔ם), tiene un valor gemátrico de 248, número que es muy significativo, pues corresponde al número de preceptos positivos (mandamientos) en la Torá, lo cual conecta directamente a Abraham con la idea de cumplir con el plan divino y ser un ejemplo de rectitud.

Los cien años, Me’at Shanah (מְאַ֨ת שָׁנָ֤ה): tienen un valor gemátrico de 451, número asociado a la idea de completitud y ciclo, lo que nos sugiere que la primera parte de la vida de Abraham representaba un proceso de maduración y transformación espiritual.

Los setenta años, Shiv’im Shanah (שְׁבְעִים֙ שָׁנָ֔ה): tienen un valor de 422, número que se relaciona con la enseñanza, la búsqueda de sabiduría y la influencia espiritual. En este contexto, podemos entender que los setenta años que se mencionan aquí simbolizan un periodo de consolidación de la misión espiritual de Abraham.

Los cinco años, Ḥamesh Shanim (חָמֵ֖שׁ שָׁנִֽים): tienen un valor como expresión de 345, número que está asociado al nombre “Moisés” (משה), y representa liderazgo y sabiduría. Los cinco últimos años de vida de Abraham pueden haber sido un periodo de introspección y preparación para su legado, tal como Moisés lo hizo para guiar al pueblo.

El versículo nos invita a reflexionar sobre las diferentes etapas de la vida de Abraham. Desde el punto de vista cabalístico, Abraham representa el arquetipo de la Bondad (Jesed), y su vida de 175 años está dividida en ciclos que simbolizan crecimiento, transformación y cumplimiento de su misión divina.

Los cien años de su vida inicial representan un ciclo de crecimiento personal y espiritual, un tiempo en el que Abraham desarrolló su relación con el Creador y preparó el camino para cumplir con su destino.

Los setenta años siguientes simbolizan la consolidación de su misión como patriarca y líder espiritual, durante los cuales llevó a cabo su rol de padre de las naciones y fortaleció la tradición de fe en el Creador.

Los últimos cinco años reflejan un periodo de sabiduría madura y la conclusión de su vida terrenal, en armonía con el propósito divino que había seguido.

En la cábala, la vida de un individuo se comprende no solo en términos de duración, sino en el impacto espiritual que se alcanza. El número 175, que es la suma de los años de Abraham, también puede verse como un reflejo de su vida plena, completa y realizada en todos los aspectos.

Este versículo no solo nos relata la duración física de la vida de Abraham, sino que también nos ofrece una oportunidad de reflexionar sobre el desarrollo espiritual a lo largo de la vida. Los años de Abraham no solo representan un legado biológico, sino también un legado espiritual, en el que cada etapa de su vida tuvo un propósito. Para nosotros, es un recordatorio de que la vida no se mide solo en años, sino en el impacto espiritual y las lecciones que dejamos para las generaciones futuras.

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