
Mi Parashá – Génesis 5:12
Si Mahalalel, como descendiente de Set, representa esa línea de personas dedicadas a la reverencia y la alabanza del Creador, Jared (יָרֶד, Yared), quien fue engendrado en relación con los tiempos en que lo hacían los demás ancestros, nos recuerda, a través del número 65, que existía una mayor conexión con lo divino: “אֲדֹנָי” (Adonai), con un valor de 65 en gematría, nos indica la presencia permanente del Creador en nosotros, así como la importancia de la autoridad divina en nuestros actos.
Así que Mahalalel, quien desde antes de su nacimiento, por su nombre, asumió esa bella labor de adoración, se preparó y maduró antes, gracias al Creador, lo que hizo que su hijo Jared no solo recibiera ese legado, sino que llevara en su propia identidad esa señal divina.
Probablemente por ello, el nombre “יָרֶד” (Yared) tiene una connotación de descenso o de algo que baja, insinuándonos que Jared representa ese enfoque de traer lo espiritual hacia lo terrenal, haciendo descender la luz divina hacia el mundo material. Desde esa perspectiva, se cree que el acto de engendrar a Jared estaba profundamente conectado con la atención a la autoridad y la presencia divina.
Jared “יָרֶד” (Yared), con un valor gemátrico de 214 (י=10, ר=200, ד=4), combina lo espiritual (10) y lo material (4), y gracias al número 200, se nos da la idea de ese aspecto de plenitud que proyecta a Jared como una figura clave en la manifestación de la espiritualidad en el mundo físico.
Preparación espiritual que debemos tener antes de asumir nuestros roles terrenales, especialmente el de paternidad. Y es que todos nuestros actos importantes en la vida, como engendrar hijos, deben estar alineados con la presencia y la autoridad divina.
El Creador prepara nuestras vidas espiritualmente para las responsabilidades que asumimos, así que nuestras decisiones y acciones deben estar guiadas por Él, con un profundo respeto y conexión con lo divino, asegurando que nuestras vidas reflejen la luz y la verdad del Creador en el mundo físico.



