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Mi Parashá – Génesis 5:25

Matusalén (מְתוּשֶׁלַח, Metushelach) es conocido por haber vivido más tiempo que cualquier otra persona en la Biblia, alcanzando una edad extraordinaria. El hecho de que Matusalén viviera ciento ochenta y siete años antes de engendrar a Lamec (לָמֶךְ) sugiere también un período significativo de preparación espiritual antes de dar lugar a la siguiente generación.

El número 187 puede verse como un número compuesto que simboliza un proceso de maduración y de preparación para un cambio importante. Matusalén, al engendrar a Lamec, da continuidad a un linaje espiritual que eventualmente culminará en la figura de Noé, quien será clave en la narrativa del diluvio.

En la gematría, el número 187, al desglosarse sumando 1 + 8 + 7, nos da 16, que puede reducirse aún más a 7, un número que simboliza la perfección espiritual y el cumplimiento en la tradición judía. Esto podría sugerir que la vida de Matusalén antes de engendrar a Lamec estuvo marcada por un proceso de maduración y preparación espiritual hacia una realización plena.

Lamec, el hijo de Matusalén, representa una transición importante en la genealogía que lleva a la generación de Noé. Su nombre en hebreo (לָמֶךְ, Lamech) está asociado con fuerza y poder, lo que puede interpretarse como un indicio de la fortaleza necesaria para enfrentar los desafíos que su descendencia enfrentará.

El nombre “לָמֶךְ” (Lamech) tiene un valor gemátrico de 90 (ל=30, מ=40, ך=20), que se asocia con la letra “צ” (Tsade), que representa la justicia o el justo (צדיק, Tzadik), lo que indica que Lamec, en su rol dentro de la genealogía, desempeñó un papel crucial en la preparación para el advenimiento de Noé, quien sería justo y perfecto en su generación.

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