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MI Parashá – Génesis 6:12

El Creador lo sabe todo y reconoce nuestras propias intenciones, lo que significa que no es indiferente a la corrupción de la tierra y al desvío de la humanidad. Sin embargo, nos otorgó el libre albedrío y respeta nuestro proceso de aprendizaje, lo cual no quiere decir que no haya leyes, un orden, un final, sino que su misericordia nos ofrece diarias oportunidades de crecimiento.

No perdamos de vista que, fruto de Su palabra, todo se mueve, vibra. Así que nuestra corrupción, con un alto grado de confusión en nuestras expresiones, afecta principalmente nuestras relaciones e interacciones, pero también a Él mismo, quien espera tanto que cambiemos que se hizo humano para mostrarnos el camino: “וַיַּרְא אֱלֹהִים אֶת־הָאָרֶץ” (Vayyar Elohim et-ha’aretz) – “Y vio Dios la tierra”, ו (Vav) = 6, י (Yod) = 10, ר (Resh) = 200, א (Alef) = 1, א (Alef) = 1, ל (Lamed) = 30, ה (He) = 5, י (Yod) = 10, ם (Mem sofit) = 40, א (Alef) = 1, ת (Tav) = 400, ה (He) = 5, א (Alef) = 1, ר (Resh) = 200, ץ (Tsade sofit) = 90, para un valor total de 1000, perspectiva desde la gematría que nos denota que Él tiene una percepción completa y total del estado del mundo, pero sobre todo un plan.

El número 1000 es un número que simboliza la completitud y la totalidad, sugiriendo que la corrupción en la tierra era absoluta y completa, visible ante los ojos del Creador. Este análisis nos invita a reflexionar sobre la forma en que Él percibe nuestras acciones y el estado de nuestro mundo, lo cual nos desafía a considerar la totalidad de nuestras vidas y nuestras influencias sobre la “tierra”, tanto en sentido literal como metafórico.

“וְהִנֵּה נִשְׁחָתָה” (Vehineh nishchatah) – “y he aquí que estaba corrompida”, ו (Vav) = 6, ה (He) = 5, נ (Nun) = 50, ה (He) = 5, נ (Nun) = 50, ש (Shin) = 300, ח (Chet) = 8, ת (Tav) = 400, ה (He) = 5, para un total de 829. Esto nos expresa, de acuerdo con la gematría, que ese estado de decadencia y degradación que había alcanzado la tierra completaba un ciclo de oportunidades. Por ende, ese 829, que se descompone en 8 + 2 + 9 = 19, y 1 + 9 = 10, nos da la idea de que ese punto máximo de corrupción generaría el final de un ciclo, un juicio.

Ciclos en nuestras vidas que parecen no percibirse y que en ocasiones nos llevan a crisis, las mismas por las que reclamamos al Creador ya que nos consideramos buenos, obviando que somos un conjunto y estamos llamados no solo a ser buenos y justos, sino a irradiar todo ello en nuestros entornos, que regularmente nos denotan a través de la corrupción y la decadencia que nosotros también aportamos en ellos, ya sea con nuestras acciones o con nuestras omisiones.

Se trata de ser proactivos en la búsqueda de la corrección y la restauración antes de que sea demasiado tarde: “כִּי־הִשְׁחִית כָּל־בָּשָׂר אֶת־דַּרְכּוֹ עַל־הָאָרֶץ” (Ki hishchit kol-basar et-darko al-ha’aretz) – “porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”, כ (Kaf) = 20, י (Yod) = 10, ה (He) = 5, ש (Shin) = 300, ח (Chet) = 8, י (Yod) = 10, ת (Tav) = 400, כ (Kaf) = 20, ל (Lamed) = 30, ב (Bet) = 2, ש (Shin) = 300, ר (Resh) = 200, א (Alef) = 1, ת (Tav) = 400, ד (Dalet) = 4, ר (Resh) = 200, כ (Kaf) = 20, ו (Vav) = 6, ע (Ayin) = 70, ל (Lamed) = 30, ה (He) = 5, א (Alef) = 1, ר (Resh) = 200, ץ (Tsade sofit) = 90, para un total de 2341. Esto, desde la Cábala y la gematría, nos denota que afectamos a las criaturas vivientes, como a todo el planeta.

El número 2341 se descompone en 2 + 3 + 4 + 1 = 10, reiterándonos la totalidad y la culminación de un ciclo, lo cual nos desafía a considerar cómo nuestras acciones afectan no solo a nosotros mismos, sino a toda la creación, instándonos a ser conscientes de nuestro impacto en el mundo y a corregir nuestros caminos antes de que la corrupción se generalice.

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