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Mi Parashá – Génesis 6:20

En un momento en donde se habla mucho de diversidad, malinterpretando el contexto divino en el que dicho término nos propone sabernos parte de esta creación, es importante comprender que cada especie (לְמִינֵהוּ) representa un propósito único y un rol específico en el equilibrio del mundo.

Esto significa que esa multiplicidad de criaturas que componen la creación, además de ser una manifestación de la infinitud del Creador, también cumplen un rol dentro de su plan, siendo obligatoria su preservación, ya que cada especie forma parte de ese equilibrio. Esta es una razón de peso para que, durante el diluvio, estas hayan sido tenidas en cuenta para mantener esa diversidad y armonía en el mundo, denotándonos además que todas las formas de vida son expresiones del mismo poder divino.

La palabra “leminéhu” (לְמִינֵהוּ), que significa “según su especie”, tiene un valor numérico de 136, asociado con la estructura y la ordenación del mundo, lo que sugiere que cada especie tiene un lugar específico en el orden divino. De allí que el término “shenáyim” (שְׁנַיִם), que significa “dos”, con su valor de 400, relacionado con la completitud y la verdad, nos llame la atención reiteradamente sobre la importancia del orden y la clasificación en la preservación de la vida.

Al reflexionar sobre la importancia de la diversidad y la inclusión en nuestras vidas, debemos trabajar para que cada ser y cada especie pueda cumplir con ese propósito único, reconociendo y respetando esa diversidad que le da a cada criatura en este plano un rol en pro de mantener el equilibrio en nuestras relaciones y la armonía en el mundo en general.

Llevar este tipo de conceptos a nuestras búsquedas íntimas, en donde además estamos descontextualizados no solo de sus mandatos sino de su orden, es olvidar que somos nosotros, con nuestras desobediencias producto de nuestro pecado original, quienes pervertimos sus mandatos y además llenamos de corrupción y destrucción nuestras propias vivencias.

Lo que no quita importancia al hecho de que la preservación de las especies “según su especie” nos enseña que el respeto por las diferencias es esencial para la convivencia armoniosa y para la supervivencia a largo plazo. Pero, en términos espirituales, esto también se traduce en la necesidad de reconocer y valorar las diferentes cualidades y características de las personas en nuestras vidas, viendo cada una como una parte integral del todo. Es indispensable apreciar las diferencias en nuestras vidas y lograr verlas como oportunidades para aprender, crecer y contribuir al equilibrio y la armonía en el mundo.

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