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Mi Parashà – Génesis 7:20

Nuestra renovación exige una totalidad para el proceso de purificación en nuestras vidas; por ello, las aguas alcanzaron en este caso quince codos por encima de los montes, en pro de esa purificación divina completa que abarca todos los aspectos de nuestra existencia, desde lo más bajo hasta lo más elevado.

Ninguna parte de nuestra vida está fuera del alcance del juicio y la misericordia divina, por lo que el número quince debe asociarse con el nombre del Creador para que ese proceso de purificación sea guiado por Él. No perdamos de vista que su presencia siempre está activa, por lo que debemos rogarle que siempre acompañe nuestros procesos de vida.

Todas nuestras pruebas y desafíos, al ser vistos como oportunidades, denotan esa confianza en trascender nuestros límites para alcanzar un nuevo nivel de conciencia y espiritualidad. Por ello, con humildad debemos reconocer que nuestras mayores fortalezas y logros están sujetos al juicio divino y a la necesidad de renovación.

A diario se nos desafía a aceptar las aguas de la purificación en nuestras vidas y a confiar en que, aunque el proceso pueda ser intenso, el resultado final será una existencia más elevada y armoniosa bajo la guía y protección divina. La mención específica de “quince codos” es significativa, pues nos lleva a las letras hebreas “י” (Yod) y “ה” (He), que juntas forman uno de los nombres del Creador, y el número quince simboliza su presencia en todo.

La altura de las aguas sugiere que la purificación no solo fue extensa sino también profunda, llegando hasta los montes más altos para representar los aspectos más elevados del alma o de la conciencia. Por ello, el verbo “gaveru” (prevalecieron), que implica fuerza dominante y abrumadora, nos reitera que hay una energía en el juicio divino que cubre y purifica todo lo que está bajo el cielo.

La palabra “amá” (אַמָּה), que se refiere a la medida de un codo, tiene un valor gemátrico de 41 (א = 1, מ = 40, ה = 5), lo que sugiere estabilidad y estructura. Esta combinación, en el caso de estos elementos, refuerza la idea de que la purificación divina fue meticulosa y estructurada, cubriendo cada aspecto de la creación con precisión.

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