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Mi Parashá – Génesis 7:24

El verbo “vayigberu” (prevalecieron) sugiere que las aguas dominaron completamente la tierra durante este tiempo. Nunca perdamos de vista que el agua es un símbolo de juicio, pero también de purificación y renovación. Así que la prolongada prevalencia de las aguas simboliza un proceso extendido de purificación necesario para la renovación completa de la creación.

La mención de “ciento cincuenta días” es significativa, ya que, de acuerdo con la guematría, el número 150 se descompone en 1 + 5 + 0 = 6, un número que está asociado con la conexión entre lo divino y lo terrenal. El número 6 representa el proceso de creación y la lucha por el equilibrio y la armonía en la vida. La duración de 150 días refuerza la idea de un período completo de purificación, en el que la creación es sometida a un juicio y renovación total.

Las aguas que prevalecieron sobre la tierra durante estos 150 días pueden ser vistas como un medio de transformación, no solo de la tierra misma, sino también de los seres que sobrevivieron en el arca, ya que el agua es tanto un símbolo de la severidad del juicio como de la misericordia que permite la purificación y el renacimiento. Por eso este período de 150 días puede interpretarse como un tiempo de transición, en el que la vieja creación es purificada para dar lugar a una nueva.

La palabra “mayim” (מַיִם), que significa “aguas”, tiene un valor gemátrico de 90 (מ = 40, י = 10, מ = 40), lo cual, al relacionarse con la letra “Tzade” (צ), nos da la idea de justicia y rectitud, lo que nos sugiere que las aguas del diluvio, aunque destructivas, fueron un instrumento de justicia divina, purificando la tierra y estableciendo un nuevo orden basado en la rectitud.

Así que, aunque tengamos procesos prolongados de transformación y purificación en nuestras vidas, no obviemos que las aguas que prevalecieron durante ciento cincuenta días simbolizan la intensidad y la duración necesarias para que la purificación sea completa y efectiva. Esto nos ratifica que la transformación espiritual y la renovación no son procesos inmediatos, sino que requieren tiempo, paciencia y resistencia.

La numerología asociada con este versículo también nos recuerda que, en la vida, los períodos de juicio y purificación, aunque difíciles, son necesarios para restaurar el equilibrio y permitir un nuevo comienzo. Así como las aguas del diluvio cubrieron la tierra, también podemos experimentar momentos en los que nos sentimos abrumados, pero estos momentos son oportunidades para el crecimiento espiritual y la renovación.

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