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Mi Parashá – Génesis 7:4

Si tenemos claro que el siete (שבע) nos da la idea de preparación y completitud antes de un gran cambio o evento, también podemos deducir que ese símbolo de la creación completa, que nos habla del final de ciclos pero a la vez de renovación, nos advierte de la preparación espiritual para el evento que va a suceder, un ciclo completo antes del juicio.

Desde esa misma perspectiva, el número cuarenta días y cuarenta noches (אַרְבָּעִים יוֹם וְאַרְבָּעִים לָיְלָה) nos lleva a entender ese período de prueba, purificación y transformación, siendo los cuarenta días del diluvio un tiempo que nos llama a comprender que nuestro mundo será transformado, purificado del pecado y la corrupción que lo habían contaminado.

Quizá por ello nuestro Señor Jesucristo, al igual que el pueblo de Israel, estuvo cuarenta días (años) en el desierto, siendo tentado, como una forma de insinuarnos que, frente a una posible destrucción de todo ser viviente (מָחִיתִי אֶת־כָּל־הַיְקוּם), debido a que el orden natural elimina lo impuro, siempre ese mismo orden dará paso a una nueva creación, proceso necesario para reiniciar o renovar el mundo en un estado más puro y alineado con lo divino.

Palabras como “mam’tir” (מַמְטִיר, “haré llover”) y “machiti” (מָחִיתִי, “destruiré”) dan pistas adicionales sobre la naturaleza de estas acciones divinas, ya que el agua y la lluvia, generalmente símbolos de bendición, en este caso son instrumentos de juicio que, luego de dicha destrucción o eliminación de impurezas, suponen una limpieza para un nuevo comienzo.

Ciclos de prueba y purificación en nuestras vidas que nos llaman a entender incluso momentos adversos que podríamos calificar como destructivos, a percibir en ellos el final de un ciclo que nos propone una renovación, interior lógicamente, para superar esos desafíos que, aunque pueden ser dolorosos, nos preparan para un renacimiento espiritual. Así que debemos tener presente que, regularmente, antes de cualquier gran transformación es necesario un período de preparación y purificación, representado por los números siete y cuarenta.

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