
Mi Parashá – Génesis 9:11
La promesa de que el Creador nunca más destruirá la tierra con un diluvio reafirma su compromiso con la humanidad y la creación, garantizando que, aunque la humanidad pueda fallar, el pacto divino se mantendrá firme. Esto representa realmente una garantía espiritual de que la humanidad siempre tendrá la oportunidad de redimirse y corregir sus errores.
Es su misericordia la que tiene suma importancia, siendo nuestro arrepentimiento fundamental dentro de esa rectificación. Por ello, la palabra “pacto”, “בְּרִית” (berit), con un valor gemátrico de 612, también nos proyecta la totalidad de la enseñanza divina, destacando que el cumplimiento de sus mandamientos es clave para mantener la paz y la seguridad prometidas por Él.
La palabra “מַבּוּל” (mabul), que significa “diluvio”, con un valor gemátrico de 78 (מ=40, ב=2, ו=6, ל=30), nos habla de juicio y purificación, pero a la vez nos recuerda la corrupción humana. Con todo y ello, Él nos recuerda que el juicio divino ahora se expresará a través de otros medios, dando a la humanidad la oportunidad de aprender y crecer sin recurrir a la destrucción total.
La naturaleza del pacto divino y nuestra responsabilidad en su mantenimiento conllevan no destruir la tierra nuevamente y nuestra obligación de vivir en armonía con las leyes y mandamientos divinos para evitar el caos y la destrucción. Por ello, debemos actuar con mayor responsabilidad hacia nuestro entorno y hacia los demás, sabiendo que nuestras acciones tienen un impacto no solo en nuestras vidas, sino en el bienestar de toda la creación.



