
Mi Parashá – Génesis 9:13
El “arco” (קַשֶׁת, qeshet) debe entenderse más allá de verlo como un fenómeno meteorológico; es otro símbolo de la conexión entre lo divino y lo terrenal. Por ello, ese arco que refleja en nuestro iris todo un espectro de diversos colores nos está recordando las múltiples manifestaciones del Creador.
La representación que nos otorga el arco iris de la luz divina nos muestra que, así como nos fragmentamos, esta, al descomponerse en sus múltiples posibilidades, forma una unidad, tal como sus manifestaciones nos hablan de un Creador único y omnipotente. Por lo tanto, al igual que cada color del arco iris, debemos atender esos distintos aspectos que contienen nuestra relación con Él, los cuales pueden ir desde la misericordia hasta la justicia.
La palabra “קַשֶׁת” (qeshet), con un valor de 800 (ק=100, ש=300, ת=400), nos vuelve a dar la idea de un ciclo completo, debido a que el número 8 es el símbolo de un nuevo comienzo. Además, a través de sus chispas de luz, nos sugiere la idea de redención y renovación, lo que podemos interpretar como que el arco iris es otra señal de la renovación continua del pacto y de la oportunidad constante de comenzar de nuevo bajo la protección divina.
Cuando el Creador declara que ha puesto su “arco” (el arco iris) en las nubes como una señal visible del pacto entre Él y la tierra, también nos está insinuando que no incumplirá su promesa y que no volverá a purificar la tierra mediante un diluvio. Es otra manifestación tangible de Su fidelidad, pero sobre todo, un recordatorio constante de Su misericordia.
La palabra pacto, “בְּרִית” (brit), reforzará siempre la idea de que el arco iris es un recordatorio del compromiso mutuo entre Él y Su creación. Por lo tanto, todas sus señales son símbolos para recordarnos durante el trayecto de nuestras vivencias que Su promesa es eterna y Su pacto perpetuo, tanto con nosotros como con todo lo creado. Esos signos, como manifestaciones profundas, nos expresan la relación indisoluble entre lo celestial y lo terrenal.
Al hacernos más conscientes de los “arcos” en nuestras vidas, entenderemos que hay cientos de momentos que, con sus señales, nos recuerdan la fidelidad, la protección y la renovación que el Creador ofrece constantemente. Esto nos llama a vivir con gratitud y reverencia, sabiendo que estamos siempre bajo la protección del pacto divino, perspectiva que implica actuar de manera que honremos esa relación sagrada.



