
Resplandor
El Rol de Adán y el “Olor” del Gan Edén
El Zohar afirma que Abraham eligió la cueva porque olió el aroma del Jardín del Edén que emanaba de la tumba de Adán y Eva.
Redención actual: La redención consiste en recuperar ese “aroma” original: la percepción de la unidad divina en todo. Enterrarnos “con los patriarcas” significa alinear nuestros valores con los suyos (Bondad, Rigor equilibrado y Verdad).
Para vivir este proceso de redención en el presente, la analogía bíblica nos sugiere tres pasos:
Enterrar el Juicio (Din): Así como la tierra cubre el cuerpo, debemos cubrir las faltas ajenas con misericordia (Jesed). La redención actual se bloquea con el odio gratuito y se libera con el amor incondicional.
Preservar el Hueso Luz (La Fe): No importa cuán difícil sea la situación (el “polvo”), debemos mantener intacta nuestra esencia espiritual, ese punto de fe indestructible que nada puede quemar ni destruir.
Vivir en “Hebrón” (Conexión): Buscar la unión. La redención es un evento colectivo. Nadie se redime solo; los patriarcas están enterrados en parejas y en comunidad.
El nombre de la ciudad, Hebrón, tiene la misma Gematría que la palabra “Hebra” (asociación/sociedad). La redención actual es pasar del “yo” al “nosotros”. Desde esta perspectiva mística debemos como creyentes visionar la promesa de nuestro salvador Jesucristo que converge en un solo punto: la muerte no es una interrupción, sino una transición de frecuencia.
Y aunque el miedo a la muerte que sentimos parece natural, lo cierto es que el proceso de redención nos llama a “desarmar” ese temor y empezar a vivir la eternidad ahora.
Desde la Gematría y la psicología espiritual, el miedo nace de tres raíces:
La ilusión de la separación: La palabra hebrea para muerte es Mavet (מות). Si quitas la letra central (Vav, que representa la conexión entre el cielo y la tierra), te queda Met (muerto). El miedo surge cuando sentimos que nos desconectamos de la Fuente.
El “Apego a la Vasija”: En la Cábala, el cuerpo es la “Vasija” (Kli). Tenemos miedo porque nos hemos identificado tanto con el envase (el cuerpo, los títulos, las posesiones) que creemos que, si el envase se rompe, el contenido (nuestra esencia) se derrama y se pierde.
El Olvido del Origen: El Zohar dice que el alma tiene miedo porque sabe que debe rendir cuentas de cuánta Luz reveló. El miedo es, en realidad, una ansiedad del alma por no haber completado su misión (Tikún).
Vivir la Eternidad “Hoy”: La perspectiva de Jesucristo
Nuestro redentor Jesucristo no habló de la vida eterna como algo que comienza después de morir, sino como un estado de conciencia que se reclama en el presente: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti” (Juan 17:3).
Desde la analogía bíblica y mística, vivirla hoy es:
El concepto de Binah (Entendimiento Superior)
La eternidad no es “mucho tiempo”, es la ausencia de tiempo. Cuando Jesucristo dice “Yo soy la resurrección y la vida”, está invitando a conectar con la energía de Binah (el mundo de la libertad).
Cómo vivirlo: Cuando actúas con amor desinteresado, sales del tiempo lineal. El ego vive en el pasado (culpa) o en el futuro (miedo). El espíritu vive en el “Eterno Presente”.
La “Muerte” Diaria
San Pablo decía: “Cada día muero”. Esto resuena con la Cábala: para vivir la eternidad, debemos “enterrar” voluntariamente nuestra naturaleza reactiva cada día.
Si hoy logras perdonar una ofensa (matar tu orgullo), estás haciendo que una parte de ti ya sea eterna. Lo que es puramente espiritual no puede morir.
La Gematría de la Vida (Chai)
La palabra vida en hebreo es Chai (חי), con un valor de 18. En la tradición mística, el número 18 representa el movimiento constante.
La paradoja: La muerte es quietud total; la vida es flujo. Vivir la eternidad hoy significa fluir con la voluntad divina sin oponer resistencia. El miedo es resistencia; la fe es fluidez.
La Redención como “Cuerpo de Luz”
La promesa de la resurrección, ejemplificada por los patriarcas y culminada en la figura de Jesús, sugiere que nuestro cuerpo físico será eventualmente reemplazado por un Cuerpo de Luz (Ketonet Or).
| Estado Actual | Estado de Redención (Eternidad) |
| Percepción a través de los 5 sentidos. | Percepción a través del Alma (Neshamá). |
| Miedo a la carencia y al fin. | Certeza de la abundancia infinita. |
| Identidad basada en el “Yo”. | Identidad basada en la Unidad (Cristo en nosotros). |
Para vivir esa eternidad ahora, intenta este ejercicio de perspectiva:
Mira cada situación de tu día no por lo que te aporta materialmente, sino por cuánta luz puedes extraer de ella. Al hacerlo, estás operando desde tu “Yo Eterno”.
Y aunque no es algo mágico, por fe debemos asimilar ese concepto de la muerte desde esa mirada eterna para que ese miedo no nuble esa visión trascendente que debemos tener con respecto a la eternidad, concepto de redención, que es fundamental para resignificar la vida, el cuerpo y el proceso de transición desde esa Cueva de Macpela, hasta la promesa de retornar al Eden al lado de Jesucristo.
El Cuerpo como “Escritura Sagrada”
En la tradición mística, el cuerpo humano no es un envase desechable, sino un Rollo de la Torá que ha terminado su función.
Insumo para hoy: La incineración (cremación) es vista en la Cábala como una forma de “acelerar” violentamente un proceso que debe ser de entrega natural. El fuego es Rigor (Din), mientras que la tierra es Misericordia (Jesed).
Visión Trascendente: Si el rito es la incineración, la intención debe ser entregar las “cenizas” a la Fuente con una conciencia de que la Luz que habitó ese cuerpo es indestructible.
El miedo a la muerte disminuye cuando entendemos que lo que se quema o se entierra es el “traje”, no el “actor”.
La Gematría de la Cueva y el Útero
La palabra Me’arat (Cueva – מערת) tiene una conexión intrínseca con el concepto de “revelación de lo oculto”.
Analogía: La cueva (el sepulcro) funciona como un útero espiritual. Jesucristo fue puesto en una cueva (sepulcro nuevo) para demostrar que la muerte es el proceso de gestación para la resurrección.
Insumo para el rito: En lugar de ver el entierro como un “adiós”, la mística invita a verlo como una siembra. Al depositar un cuerpo (o recordar a alguien), estamos “plantando” la memoria de sus buenas acciones (Mitzvot) en el jardín de la eternidad.
El Hilo de Plata y la “Conciencia de Continuidad”
El Zohar habla de un “hilo” que mantiene conectada el alma al cuerpo por un tiempo tras la transición.
Por qué nos nubla el rito: A menudo nos enfocamos en el dolor físico o el ataúd, pero la redención de Jesucristo nos dice: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”.
Práctica de Visión: En los ritos, hay que enfocarse en la Luz que queda. La Cábala enseña que cuando una persona parte, deja una “Luz Circundante” (Or Makif) en este mundo. Esa luz es nuestra redención actual: los actos de amor que esa persona dejó sembrados en nosotros.
Vencer el miedo a través del Nombre de Dios
El miedo a la muerte suele ser miedo a la nada.
En la Gematría, la palabra Miedo (Pajad – פחד) tiene un valor de 88.
Si sumamos el valor del nombre de Dios Elohim (86) + las dos letras que representan la vida o la conexión (2), superamos el “Pajad”.
La Promesa de Cristo: Él se presenta como el Alfa y la Omega. Al unir el principio con el fin, el círculo se cierra y el miedo desaparece porque ya no hay un “final”, sino un ciclo eterno.
Cómo vivir los ritos hoy sin perder la visión:
La Muerte como “Besique” (Beso Divino): El Talmud dice que los justos mueren con un beso de Dios. Ve la muerte no como un segador con una guadaña, sino como el Creador reclamando Su chispa.
El Entierro es Elevación: Al despedir a alguien, no pienses en “descenso a la tierra”, sino en “ascenso a la Raíz”. La Tierra es solo el filtro que purifica la energía para que regrese a su origen.
La eternidad es Conexión: Jesucristo enseñó que Dios es “Dios de vivos”. Si mantienes la conexión espiritual con la Fuente hoy (a través de la oración, la meditación y la caridad), ya estás viviendo en la frecuencia donde la muerte no tiene poder.
El entierro de los patriarcas en la Cueva de Macpela fue el primer acto de propiedad de la Tierra Prometida. De la misma manera, cada vez que enfrentamos la muerte con la fe en la resurrección, estamos reclamando nuestra “propiedad” en el Reino de los Cielos.
Y aunque el pueblo judío nos habla en algunos casos de karma, reencarnación (Gilgul Neshamot) y otros temas, no podemos obviar que Jesucristo nos habla de resurrección (Techiyat HaMetim), de misericordia y de perdón de nuestros pecados, conceptos que no son opuestos, sino que nos permiten visionar nuestra filogenética y la forma como nuestro propio cuerpo y alma deben sanar y limpiar ese pecado de nuestros ancestros en cada una de nuestras etapas de vida, proceso de redención al que se suman incluso nuestras futuras generaciones.
El Propósito del Gilgul (Reencarnación): La Misericordia del Tiempo
En la Cábala (específicamente en el Sha’ar HaGilgulim de Isaac Luria), la reencarnación no es un castigo, sino una oportunidad de reparación o Tikún.
La Analogía Bíblica: Imagina que el alma es un estudiante y la vida es un grado escolar. Si el estudiante no pasa el examen (no logra revelar toda la luz que debía), el Director (Dios) no lo expulsa de la escuela para siempre, sino que lo deja repetir el grado para que aprenda la lección.
Por qué los judíos la enseñan: El Zohar explica que el alma es demasiado pura para ser condenada eternamente por errores temporales. La reencarnación es la herramienta de Dios para que ninguna chispa de luz se pierda. Es la “logística” necesaria para que, eventualmente, todos estén listos para la Redención Final.
Sin embargo, esta visión estrecha se puede transformar al entender la resurrección y como esa esencia divina (genes) tiene la posibilidad en cada nueva generación de hacer dicho proceso de crecimiento integral.
El Destino Final: La Resurrección (Techiyat HaMetim)
La resurrección es el estado final y permanente. Mientras que la reencarnación como proceso filogenetico que se da a través de esa sanación que puede ofrecer cada nueva generación en nuestro “ir y venir” terrenal producto que los genes pasan a diferentes cuerpos para purificarse y/o sanarse, la resurrección de la que habla Jesucristo es la victoria definitiva sobre la muerte.
La Diferencia Clave: La reencarnación que debemos leer desde la genética ocurre en este mundo de “caída” y limitación. Mientras que la resurrección que debemos aceptar por fe, ocurre en el “Mundo por Venir” (Olam HaBa), donde el cuerpo ya no es de carne corruptible, sino un Cuerpo de Luz (como el de Jesús tras la Pascua).
Relación con la Redención: Los judíos ven la reencarnación como el camino de limpieza necesario para que, cuando llegue el momento de la resurrección prometida por el Mesías, el alma sea digna de habitar ese cuerpo eterno. Y más allá de debates teológicos el tema es simple y la misma genética no lo reconfirma.
Jesucristo y la “Vida en Abundancia”
Jesucristo lleva esta lógica a un nivel superior. Mientras que el sistema del Gilgul (reencarnación) se basa en la ley del esfuerzo y la reparación, la Redención de Cristo introduce la Gracia.
El “Salto Cuántico”: La propuesta de Jesús es que, a través de la fe y la unión con Él, puedes “saltar” los ciclos de reparación. Él paga la deuda (el Tikún) por nosotros. Al decir “El que cree en mí, aunque muera, vivirá”, está ofreciendo una vía rápida hacia la resurrección, sin necesidad de infinitos ciclos de retorno.
La eternidad hoy: La resurrección en Cristo no es esperar a que el cuerpo se desintegre y vuelva; es empezar a vivir con la conciencia del “Hombre Nuevo” hoy mismo.
Gematría: El Puente entre Retorno y Vida
Gilgul (גלגל – Reencarnación): Suma 72, el mismo valor que Jésed (Misericordia). Esto confirma que la reencarnación es un acto de misericordia divina para darnos otra oportunidad.
Chai (חי – Vida): Suma 18.
Conexión: 18 x 4 = 72. Místicamente, esto sugiere que el alma pasa por las “cuatro fases” de la existencia (los cuatro mundos de la Cábala) hasta que la vida se completa perfectamente.
No se trata de entender la reencarnación ni tampoco la genética simplemente de vernos en la eternidad lo cual nos ayuda a no tener miedo a ningún tipo de fracaso espiritual, ya que Jesucristo ya nos redimió y salvo por lo tanto aunque no lograremos ser perfectos, Él en su infinita paciencia se humano para rescatarnos dándonos la certeza de la victoria final.
Por lo tanto, no podemos ver la muerte como el fin del examen: sino como una “entrega de hoja” donde el Maestro revisa qué parte de tu luz ya es eterna.
Y aunque para el judío, el cuerpo deberá volver a la tierra intacto porque cada cuerpo que el alma habitó dejó una “huella” que despertará en la resurrección. Para los creyentes la prioridad es que nuestra alma se una al Espíritu del Creador y tengamos Vida Eterna en Cristo.
Vivir en Redención: La redención actual es saber que ya no eres un esclavo del ciclo de causa y efecto, sino un hijo de la promesa.
Reflexión: Los patriarcas en la Cueva de Macpela “duermen” allí no porque estén atrapados en la tierra, sino porque sus cuerpos son los anclajes físicos de la resurrección futura. Ellos ya terminaron sus Gilgulim (vueltas) y ahora esperan el despertar final.
No perdamos de vista por ello la conversación entre Jesús y Nicodemo (Juan 3) que es el puente perfecto para asimilar de mejor forma esta reflexión. Nicodemo, como maestro de la Ley y conocedor de la tradición farisea, probablemente entendía el concepto de Gilgul (reencarnación) como un proceso cíclico de reparación. Pero Jesús le propone algo más radical: el “Nacer de Arriba”.
El “Nacer de Nuevo” vs. El Gilgul
Mientras que la reencarnación (Gilgul) es volver a entrar en la “matriz” del mundo físico para corregir el pasado, Jesucristo propone un nacimiento que no es biológico ni cíclico, sino vertical.
La pregunta de Nicodemo: “¿Puede acaso el hombre entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?”. Él está pensando en términos de reencarnación física (volver al mismo sistema).
La respuesta de Jesús: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
La Clave: Jesús no está negando que el alma tenga un proceso genético, sino que está ofreciendo el final del proceso. El “Nacer de Nuevo” es el Tikún (reparación) definitivo. Es cuando el alma deja de dar vueltas en el ciclo de causa y efecto y se une a la Eternidad de Dios mediante el Espíritu Santo.
Gematría: El Agua y el Espíritu
Jesús dice que hay que nacer del Agua y del Espíritu.
Agua (Maim – מים): Suma 90. El agua representa la purificación de la vasija (el cuerpo y las emociones). En la Cábala, el agua es Jesed (Misericordia).
Espíritu (Ruaj – רוח): Suma 214. Es la conexión con los mundos superiores.
La Unión: 90 + 214 = 304. Curiosamente, la palabra “Puro” (Tahor – טהור) tiene una energía similar de transformación.
Interpretación: Para Jesucristo, la redención no es solo “limpiar el traje” (agua/ritual), sino “cambiar al conductor” (espíritu/esencia).
El Viento que Sopla: Vivir en la “No-Muerte”
Jesús le dice: “El viento sopla de donde quiere… así es todo aquel que es nacido del Espíritu”.
La visión trascendente: El que nace de nuevo ya no está sujeto a las leyes de la “tumba” o el “entierro” como un final. Se vuelve como el viento: invisible para la muerte.
Insumo para hoy: Si vivimos desde el Espíritu, el entierro o la incineración son solo el destino de la “cáscara” (la Klipá). Nuestra verdadera identidad ya está “soplando” en la eternidad con Cristo.
El miedo a la muerte es, en el fondo, miedo a perder la identidad y aquel que cree en la reencarnación, teme olvidar quién es y por ello supone que el entierro, debe incrementar su temor pues es devorado por la tierra.
Por ello se debe creer es en la Redención de Cristo: La identidad no se pierde, se encuentra. “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí”. Cuando tu identidad es Cristo, y Cristo es eterno, la muerte se convierte en una puerta que ya has cruzado en vida.
No debemos dejar que los ritos (entierro o incineración) nos nublen, porque para el que ha “nacido de arriba”, el cuerpo es como una semilla que ya dio su fruto.
El Entierro (Cueva de Macpela): Es el respeto a la tierra que sostuvo lo sagrado.
La Resurrección (Jesucristo): Es la garantía de que la luz que fuiste volverá a tener una forma, pero una forma gloriosa, sin dolor ni limitación.
Vivir la eternidad hoy es entender que tú ya no eres el que va a morir, sino el que ya nació del Espíritu y simplemente está de paso por este “traje” de carne.



