
Sapiencia
Releer algunos versículos Bíblicos nos debe permitir entender por ejemplo que, aunque para nuestras costumbres el entierro parece el final de la vida biológica, realmente este hace parte de un proceso de siembra espiritual. Por ello la referencia central que se nos hace en Genesis al respecto de la Cueva de Macpela (Me’arat HaMachpelah) en Hebrón, donde están enterrados Adán y Eva, Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, y Jacob y Lea, nos permite vislumbrar que allí se nos habla de cómo alinearnos con la futura resurrección y redención.
El Retorno al Origen: El Cuerpo como Semilla
En el Génesis se establece: “Polvo eres y al polvo volverás”. El Zohar explica que el cuerpo es una “vestimenta” de la luz del alma. Para que el alma se libere totalmente y pueda participar en la Techiyat HaMetim (Resurrección de los Muertos), el cuerpo debe reintegrarse a la tierra de la manera más natural posible.
Por ello no es necesario el embalsamamiento, ya que al entender todo esto evitaríamos cualquier proceso químico que retrase la descomposición natural, debido a que esta espiritualmente tiene que ver con esa expiación necesaria para el cuerpo.
La tradición judía prefiere que no haya ataúd o, si la ley civil lo exige, que el ataúd sea de madera simple con agujeros en la base para que el cuerpo toque directamente la tierra para esa descomposición natural necesaria.
Por otro lado, quienes hablan de incineración, obvian el tema del “Hueso Luz” (Luz o Luz de la Columna), el cual según el Midrash y la Cábala es indestructible y es llamado Luz. Pequeño hueso que esta ubicado en la base del cráneo o al final de la columna), del cual se dice que “germinará” el nuevo cuerpo en el tiempo de la redención.
Por ende, la cremación está estrictamente prohibida en esta cosmovisión, ya que destruir el cuerpo por fuego se interpreta como un acto de desesperanza que daña el núcleo espiritual necesario para la resurrección.
Son costumbres que se han ido perdiendo debido a que poco comprendemos la importancia de la Humildad y de la Igualdad, de la que nos habla la muerte (Los “Tachrichim”).
En el Talmud se narra que antiguamente los entierros eran tan costosos que las familias abandonaban a sus muertos. El sabio Rabban Gamliel instauró que todos, ricos y pobres, fueran enterrados con mortajas de lino blanco simple (Tachrichim).
Analogía Bíblica: Esto imita las vestiduras del Sumo Sacerdote en el Día de la Expiación (Yom Kippur).
Significado: Nos presentamos ante el Creador sin posesiones, solo con nuestras acciones. Al no tener bolsillos, las mortajas simbolizan que no podemos llevarnos nada material.
Pero volvamos a la Cueva de Macpela como Portal
La Cueva de Macpela es considerada por el Zohar como la puerta al Jardín del Edén. Los patriarcas eligieron ese lugar porque allí reside la impronta de Adán.
La orientación: Se busca que el cuerpo descanse en paz (Shalom), orientado en una posición de espera, como quien duerme antes de un despertar inminente.
La integridad del cuerpo: Enterrar el cuerpo completo es vital. En la Gematría, el valor de la palabra Adam (Hombre) y la estructura de los 248 preceptos positivos corresponden a los miembros del cuerpo; cada parte es sagrada.
| Concepto | Práctica Sugerida | Significado Místico |
| Kevurah | Entierro en tierra | Reintegración y expiación del “yo” físico. |
| Simpleza | Mortajas de lino | Igualdad ante Dios y pureza sacerdotal. |
| Integridad | No cremación / No autopsia | Respeto al diseño divino y preservación del hueso Luz. |
| Inmediatez | Entierro lo antes posible | Evitar el sufrimiento del alma (Chibut HaKever) al estar suspendida. |
Desde esta perspectiva, ser enterrado de manera “correcta” es un acto de fe en el futuro. Es colocar la semilla en el surco con la certeza de que el rocío de la resurrección la hará florecer en la era de la Redención Final (Gueulá).
Y aunque existen diversas interpretaciones al respecto dela cueva y de estos entierros esta claro que como creyentes debemos conectar el acto del entierro de los patriarcas en la Cueva de Macpela con nuestra redención actual (la Gueulá), para lo cual debemos entender que, según la Cábala, lo que hicieron Abraham, Isaac y Jacob no fue un funeral, sino una instalación de “puntos de acceso” espirituales.
Por ello desde esa perspectiva, nuestra redención actual aunque no depende de cómo “enterramos” ese cuerpo, si lo es de la fe y el cómo “elevamos” nuestra realidad actual.
El concepto de Itaruta de-Leta (El Despertar de Abajo)
La redención no es un evento que cae del cielo por azar; es una respuesta a nuestras acciones físicas. Los patriarcas fueron enterrados en Hebrón. En hebreo, Hebrón (חברון) comparte raíz con Jibur (חיבור), que significa “Conexión”.
Aplicación actual: Para alcanzar la redención personal y colectiva, debemos “enterrar” nuestro ego (el cuerpo de deseos egoístas) para que pueda nacer la conexión con los demás. El entierro de los patriarcas nos enseña que la redención comienza cuando el ser humano se planta a sí mismo en la tierra de la humildad para poder dar fruto.
La Gematría de “Macpela” y la Dualidad
La palabra Macpela (מכפלה) significa “doble” o “multiplicado”. Su valor numérico es 125.
Curiosamente, 5 x 3 = 125. El número 5 en la Cábala representa la letra He (ה), asociada con la manifestación y el mundo físico.
La Redención Actual: La cueva doble simboliza que el mundo físico y el espiritual deben unirse.
Nuestra redención hoy ocurre cuando dejamos de separar lo sagrado de lo profano.
Enterrar a los patriarcas en una “cueva doble” fue un acto de sellar el compromiso de que el cuerpo también será redimido, no solo el alma.
El Sueño y el Despertar (La “Siembra” del Cuerpo)
El Talmud compara la muerte con el sueño y la redención con el despertar. En el Salmo 126, asociado con la redención, dice: “Los que siembran con lágrimas, con regocijo segarán”.
La Analogía: El cuerpo enterrado es la “semilla”. Si la semilla no se desintegra en la tierra, el árbol no crece.
Perspectiva de Redención: Estamos en una era donde estamos viendo la “desintegración” de viejas estructuras (sociales, personales, espirituales). Desde la Cábala, esto no es destrucción, es el proceso de la semilla en la tierra. Ser “enterrados” en los desafíos actuales es la preparación necesaria para que la luz de la redención brote.



