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Mi Kabbala – Jeshván 4, 5785 – Martes 5 de noviembre del 2024

¿Letras?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:8, “la palabra del Creador permanece para siempre”

Cada letra tiene un significado especial; así, la tercera del hebreo original, Guimel גּ, encierra en sí misma los conceptos de tesis, antítesis y síntesis, analogía que lleva a los creyentes a la trinidad del cuerpo, la mente y el alma. Esta visión, evocadora de la imagen fugaz de la puerta del paraíso, nos llama a buscar esa armonía que desapareció con nuestro pecado, el cual, como un rayo, nos encegueció. Para liberarnos de esa fuerza sintética y restaurar el equilibrio del conjunto, necesitamos reconectarnos primero con el Hijo, luego, a través del Espíritu Santo, con el todo, iluminados por Su Palabra.

La Trinidad, en Guimel גִּימֵל, simboliza ese equilibrio de fuerzas que, aunque aparentan oposición, se funden en una tercera, estable y coherente. Este símbolo designa un punto que complementa esos dos espacios, representando una energía de resolución; vista desde esos dos lados que no son opuestos, surge una alianza. Es una recompensa que nos llama a superar el castigo fruto de nuestra desobediencia, para que, como el trazo de Guimel y sus dos barras, formemos un ángulo que dé una nueva perspectiva a esas luces antes no percibidas.

Guimel, al ser la letra inicial de la palabra “gamal” גָּמָל (camello), nos incita a recorrer nuestros caminos y trayectos hasta unir esos dos puntos, esas dos fuerzas complementarias, en pro del equilibrio que estas fusionan. Esto nos llena de la armonía de la vida, estable y coherente, haciéndonos capaces de atravesar este desierto terrenal sin temer al calor y la sed, confiados en Él y buscando siempre Su poder bienhechor superior, una recompensa que alcanzamos a través de la corrección diaria y la oración.

Quienes ven en ese signo lingüístico algo más profundo nos explican que todo camino nos une. Así, cada ser, al erguirse, debe, gracias al movimiento constante תְּנוּעָה (tnu’a), buscar y encontrar esa fuente de agua viva que para los creyentes es nuestro Señor Jesucristo, quien nos dejó al Espíritu Santo como guía. Desde esta perspectiva, ya no nos enfocamos en dos direcciones, sino que, gracias a Él, atestiguamos que nuestras acciones ahora son para bien, ya que nos nutrimos de Su Palabra, la cual nos madura y nos aleja de los alimentos que tomábamos del árbol del conocimiento.

Habacuc חֲבַקּוּק (“abrazar”) nos llama, en sus enseñanzas, a revisar cuidadosamente nuestros cuestionamientos para no llenarnos de dudas, reconociendo que nuestras preguntas tienen respuesta a través de la fe. Por ello, Guimel contiene ese mensaje de transportarnos, encontrarnos, intercambiar e interconectar, un proceso fundamentado en lo verbal en pro de nuestra estabilidad, firmeza y plenitud. Así, reproducimos expresiones que transforman ese universo oscuro que, en su esencia, nos habla del tercer día de nuestra resurrección, cuando se separaron el cielo y la tierra y se produjo nuestra vegetación con sus elementos básicos, para que, con esos insumos, nos retroalimentáramos hasta reencontrarnos con Él, nuestra esperanza.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 3:9, “No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición”.

Oremos para que nuestro diario caminar por este desierto nos lleve a la tierra prometida.

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