
Mi Kabbala – Sivan 12, 5785 – Lunes 9 de junio del 2025
¿Incoherencias?
El Texto de Textos nos revela en Éxodo 24:7, “Luego tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, y ellos dijeron: Todo lo que el Creador ha dicho haremos y obedeceremos”.
Hay quienes analizan la Biblia, pero en busca de incoherencias, intentando con sus interpretaciones amañadas desvirtuar las verdades allí planteadas, desde esa mirada hablan de versiones, traducciones y especulaciones que no concuerdan, como por ejemplo, que si el hombre fue creado a imagen y semejanza de su Creador, no es coherente que más adelante se diga que Él le formó del polvo de la tierra. Incorreción interpretativa (מדרש, midrash), que se da al no comprender que todo se creó con Su palabra y que dentro de ese proceso creativo Él le da nombres a las cosas y gracias a ello, dicha narración habla de varias dimensiones dentro de una eternidad no lineal, al punto que es el mismo Adán quien luego de ser creado el que da los nombres a los animales; recreando nuestra realidad.
Llamado (Vaikrá, ויקרא) que demuestra que estamos inmersos en ese lenguaje, mundo de ficción que difiere del del Creador y que los seres humanos replicamos a diario para darle sentido a nuestras coexistencias, por lo que al ser a imagen del Creador, de acuerdo con Su semejanza: hablamos, llamamos, nos recreamos, ya que contamos con esa voluntad para dar forma lo que en términos generales hace que coexistamos en esa dimensión de las alucinaciones en donde mal utilizamos esa capacidad consolidando interpretaciones amañadas en donde con nuestras palabrerías humanas le desconocemos.
Como creyentes debemos leer y releer las escrituras, para contextualizar estas más allá de las diversas analogías y parábolas, logrando más que atender su coherencia contextual, sus mensajes en pro de nuestro crecimiento integral, ese que producto de nuestras limitaciones especialmente las idiomáticas y nuestras finitudes físicas, nos impide vislumbrar en su todo esos mensajes de vida impresos en nuestros Textos Sagrados y que deben refrendarse en nuestro corazón a la largo (אֲרֻכָּה, arok) y ancho de nuestros seres.
Nuestro Señor Jesucristo, el verbo, se tuvo que hacer carne para rescatarnos y vivir esa experiencia en Getsemaní (gat-גת), siendo prensado (shemanim, שמנים) cual aceituna por nuestros pecados, padeciendo de esas nuestras cosechas verbales en pro que a través de la fe podamos prensar dichas ideas y lograr con el aceite de su misericordia iluminar las lámparas interiores de nuestro ser para que nuestra alma reviva dentro de este mundo atendiendo ese mensaje de salvación, que no permite interpretación diferente a que debemos amarnos y gracias a ello redimirnos.
El mismo Jeremías (יִרְמְיָה) nos advierte que quien desee hablar de incoherencias Bíblicas, debe más bien vislumbrarse dentro de esos mismos desconocimientos que consolidan nuestras sociedades y con ellas todo lo que hemos venido construyendo como verdaderas mentiras, de esas que disfrazadas de verdades científicas le dan sentido a lo que no lo tiene, cuando debemos dejarnos iluminar de la Sabiduría y Luz el Creador, para que nuestro entendimiento humano pueda comprender estas y otras verdades, que fruto del pecado y de nuestros propios engaños seguimos perpetuando dejando que nuestras vidas desde esa mirada continúen vacías y sin sentido, ya que se retroalimentan de incoherencias.
El Texto de Textos nos revela en Juan 5:39, “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.
Oremos para que el Espíritu Santo nos de el entendimiento requerido para atenderle.



