
Mi Kabbala – Sivan 26, 5785 – Lunes 23 de junio del 2025
¿Ramas?
El Texto de Textos nos revela en Isaías 11:2, “Sobre él reposará el Espíritu del Señor; el Espíritu de sabiduría y de inteligencia”.
Somos el producto de nuestro lenguaje y de las interpretaciones que del mismo hacemos a la hora de entender el mismo sentido de nuestras vivencias, por ello algunas palabras desde su etimología nos dan mayores insumos para comprender las enseñanzas que allí se nos quieren otorgar, expresiones como Biná (בִּינָה) nos hablan de articular nuestra inteligencia humana, con Su sabiduría, conocimientos que nos posibilitan el reconocimiento como Sus hijos, perspectiva que nos ratifica que somos parte de ese brote que crecerá del tronco de Isaí, de esa rama de Eva, de esa extensión del Árbol de la Vida que es quien nos dota de vida, propósito que nos da otro sentido en pro de retornar a nuestro estadio original.
Nuestro Señor Jesucristo nació en el pequeño pueblo de Belén para ratificarnos que como esa rama de Isai, es el Mesías, nuestro redentor, quien cumplió la profecía para sabernos linaje de Él como Rey, lógica divina que nos sirve para comprender desde el nombre Beyt-lejem (בית לחם), que significa casa del pan, en hebreo, nos indique como l creyentes que debemos asumir que Él es nuestro pan de vida, al punto que cuando multiplicó cinco panes para alimentar a cinco mil personas, nos recordó que Él mismo nos alimenta y alienta lo que a su vez nos explica que no tendremos a Su lado jamás hambre o sed.
Toda Su palabra está llena de estas revelaciones que desatendemos por estar desafortunadamente distraídos en nuestras alucinaciones y búsquedas absurdas por ello al concatenar todas estas enseñanzas podemos entender de mejor forma el por qué nuestro Señor Jesucristo pasó la mayor parte de su infancia en otro pequeño pueblo: Nazaret, que no se menciona de a mucho en la Biblia, debido a que era un lugar poco común, que en esencia nos habla igualmente de dicha rama. Nazaret (נצרת), proviene de la raíz, netzer (נצר), que significa rama, en alusión directa a esa profecía mesiánica, reconformándonos que somos parte de ese retoño redentor que alimentará con sus frutos a toda la humanidad.
Como creyentes al estudiar y escuchar de Su Palabra debemos intentar que el Espíritu del Creador ilumine nuestra inteligencia: Biná, con esa sabiduría, para que con ella podamos contextualizar mejor todas esas enseñanzas que de otra manera no pasan de ser historias especiales que realmente no aportan todos los elementos de fondo que necesitamos para nutrir nuestro crecimiento integral, quizá por ello, Él como pan de vida es ese Rey, Mesías, que esperan no solo los Judíos, sino todos los seres humanos para que nuestras vidas se transformen al ser rescatados y nutridos por su amorosa misericordia (חֶ֫סֶד, jesed)
Como ramas (בַּד, bad) debemos dar frutos de amor, vinculo perfecto y clave para que comprendamos mejor nuestra misión de vida siempre gracias a la guía del Espíritu Santo, fuerza a través de la cual podemos entender mejor todas esas lecciones de vida que posibilitan que nuestras oraciones dirigidas al Todopoderoso se enfoquen más en agradecer que en pedir ya que nos sabemos parte de esa sabia, de Su esencia, la misma que nos alinea y armoniza para que todas nuestras acciones sean ejemplares fruto que irradian de Su amor en nuestros entornos.
El Texto de Textos nos revela en Juan 6:35, “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”.
Oremos para que sea Jesucristo la rama y fruto que alimenta nuestra Fe.



