
Mi Kabbala – Tamuz 2, 5785 – Sábado 28 de junio del 2025
¿Unión?
El Texto de Textos nos revela en Malaquías 2:10, “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué nos portamos deslealmente unos contra otros, profanando el pacto de nuestros padres?”
El concepto de unidad (יָ֫חַד yachad), es quizá uno de los más complicados de entender y por ende de llevar a cabo en nuestra vida práctica, ello, debido a que vivimos en un mundo fragmentado en donde prima el egoísmo y a través de esa competitividad una serie de intenciones, deseos, emociones, sentimientos y búsquedas que desdibujan esa visión universal de sabernos uno, partes de la Creación, integrados a ella, percibiéndonos aparte. Desde esa mirada debemos trabajar a diario para que sea esa propuesta de amor y servicio en pro de un bienestar que es general, cogobierne nuestras búsquedas individuales.
Entendimiento que como creyentes nos otorgan expresiones que forjadas desde la letra hebrea yod (י), nos hablan de Israel (ישראל), Judá (יהודה), Jerusalén (ירושלים) o Jesucristo (ישוע), chispas de luz que con sus significados nos revelan lo esencial de nuestras vidas, propósito que nos llama a comprender el honor de ser Sus hijos y la necesidad de estar cerca de Èl, es por ello que este signo lingüístico enarbola el tetragrámaton, YHWH (יהוה) Palabra que nos manifiesta que dentro de cada molécula existente se encuentra ese núcleo divino, Su amor, Su Luz.
Cada uno de los mensajes decodificados en nuestros conocimientos contienen esas señales que nos hablan de Èl, por ende términos como Sion (צִיּוֹן) gracias a las letras, tsadi y vav, nos reiteran el llamado a integrarnos como una sola familia, como una sola nación, hermandad, que clama por nuestra unidad voluntaria que parte de armonizarnos dentro de esta Su obra, para lo cual contamos con el vinculo perfecto: el amor, el mismo que nos posibilita el convivir acorde a Sus mandatos, por lo que como un solo pueblo, como su iglesia, debemos proponernos ese retorno a nuestra morada celestial.
Cada oración (פָּלַל, palal) nos debe ayudar a comprender mejor ese llamado para unirnos, identificándonos como sus hijos, alimentándonos de Él como pan de vida, de esa fuente de agua viva que nos otorga Él como guardián y dador de todo, en pro de nuestro bienestar, que es general, propósito que se logra solo siendo útiles a Su obra, servicio fraternal que nos llama a colocar lo mejor de nosotros, de nuestros dones alineándonos a Su voluntad, lo que significa dejar a un lado ese egoísmo pecaminoso que por siglos nos ha distanciado hasta de nosotros mismos para aportar en vez de apartarnos.
José (יוֹסֵף) como líder de esta visión unificadora familiar nos recuerda que incluso el mundo de Egipto también recibe de la misericordia divina nuestras, para lo cual debemos asumir a través de cada relectura de la Biblia esa misión de ser promotores del deseo superior unificador, el cual hace que aportemos de ese amor no solo a través de nuestras predicas sino de nuestro ejemplo de vida, el cual debe tocar los corazones de aquellos que sumidos en sus egoísmos y resentimientos no logran comprender este mensaje primordial del evangelio y por el contrario, con sus diarias reacciones solo promueven la desarmonía, el caos y el que vivamos separados, obviando así Su llamado.
El Texto de Textos nos revela en Mateo 18:20, “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Oremos para permanecer unidos siendo ejemplos de amor y servicio.



