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Mi Kabbala – Tamuz 17 – Domingo 13 de julio del 2025

¿Confiar?

El Texto de Textos nos revela en II de Crónicas 20:22, “Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros”.

Confiar es una de las necesidades más importantes del ser humano, más, cuando estamos en momentos donde la duda nos domina gracias a una “realidad terrenal” que choca contra nuestras expectativas. Probablemente por ello la fe (Emuná, אמונה) nos llama a aferrarnos a las certezas de Su palabra, a sus promesas, a comenzar a reconocer que el Creador está presente en todo momento guiándonos y que por ende, cada molécula de nuestro ser, recibe de ese su Haz de Luz vivificador el cual estamos llamados como creyentes a irradiar en nuestros alrededores.

Confiar en Su Plan implica incluso comprender que debemos levantarnos de nuevo, sabiendo que cuando no alcanzamos nuestras expectativas Él tiene unos mejores propósitos para nosotros, perspectiva, que nos recuerda a través del rey Josafat (יהושפט) que cuando nos enfrentemos a poderosos y feroces ejércitos, elijamos el asumir la certeza que Él batalla por nosotros y que nuestra labor es la de alabarle, si aprender de esos cantantes levitas que en dicha batalla lograron ganar esa guerra, simplemente para demostrarnos que si Él va adelante, podemos caminar confiados.

Alabar, cantar, adorar y confiar plenamente no solo confundirá a nuestros enemigos, y estos podrán terminar atacándose a sí mismos hasta acabar con el peligro inminente, sino que nos ayuda a confiar plenamente en que Él, como creador de todo, está ahí. Protección que nos reitera en su palabra, para que gracias a esos Salmos de nuestros labios solo broten palabras de amor, alabanza, gratitud y adoración. Desde esa mirada, estamos llamados a comprender que nuestra fortaleza se encuentra en la oración y la alabanza. Por ello es que la palabra (עֹז, Oz) se traduce como fortaleza, la cual supera el concepto tradicional de fuerza o valor para denotarnos la importancia de alabarle.

Él es nuestra fortaleza y, por ende, cada una de nuestras palabras debe captar esa esencia, la misma de la que nos habló el rey David a través de sus salmos, los cuales nos llama a ser gratos y confiados. Desafortunadamente, en esos momentos en que se nos piden certezas, regularmente hacemos todo lo contrario y dudamos, tanto, que en algunas ocasiones hasta pareciera que no creemos en ese Creador del que tanto predicamos, muestra de ello es que nos dejamos dominar por el miedo (יִרְאָה, yirah) el cual nos aleja aún más de ese Ser y de esa oración, que es el único requisito para apoyarnos.

Actuar con fe, confiando en Él, nos llevarà siempre al escenario de la oración, esa que reconoce Su deidad, agradeciéndole incluso por aquello que no coincide con nuestras expectativas, para reconocernos más bien como pecadores que, en lugar de rogar que cambien las circunstancias, piden la fortaleza para superar esa prueba (בָּחַן, bachan), que simplemente debe cumplir con el requisito de acercarnos más a Él. Para esto, Su Santo Espíritu se convierte en una especie de puente que nos interconecta con nuestro ser interior, para que ya los deseos egocéntricos no nos dominen, sino su amor.

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 5:14, “Esta es la confianza que tenemos al acercarnos al Creador: que, si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye”.

Oremos, alabemos, agradezcamos y confiemos en que Él nos guía.

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